jueves, 16 de agosto de 2007

Agradecimiento a la civilidad

El viernes pasado fui a Cuernavaca. El trayecto pintaba para ser lo tranquilo que de costumbre. Sin embargo, el destino me tenía jugada una mala pasada.

Pasado el poblado de Tres Marías, una de mis llantas explotó lo que ocasionó que perdiera completamente el control del carro. Después de dar varios giros pude detener el carro que quedó viendo en sentido contrario ante las miradas absortas de los automovilistas de atrás. Entre ellas hubo tres, el conductor de un traíler que venía cerca, un Accord coupé y un Jetta.

Afortunadamente quienes venían atrás de mi lograron ver con tiempo la pérdida de control del carro y pudieron frenar casi sin problemas. Después de echarme en reversa para liberar la autopista y ponerme sobre el acotamiento, los respectivos conductores de los tres automóviles se bajaron a corroborar mi estado que si bien no era óptimo en términos emocionales después de esa descarga de adrenalina, la realidad es que estaba ileso y el carro entero más allá de una llanta destrozada y el rin un poco maltrado.


Una vez que me tranquilicé un poco de la emoción, me ayudaron a cambiar la llanta y me escoltaron para que pudiera llegar a salvo a Cuernavaca. Llegando ahí, nos bajamos nuevamente y les agradecí sinceramente la ayuda brindada.

Ese hecho me hizo reflexionar varias cosas, en primer lugar, el grado de civilidad de estas personas. Ayudar a un perfecto desconocido a pesar de la evidencia de mi integridad física, pero sobre todo, procurar mi bienestar y escoltarme a la ciudad fue un acto que valoré en demasía. Siempre he sido de la idea de ayudar aquellos compañeros, amigos, compatriotas, personas que estén en desgracia y sea nuestra posibilidad ayudar en la medida de la situación. Es difícil llevar a cabo estos pensamientos, yo mismo me cuestiono si hubiera sido capaz de bajarme y ayudar a alguien en mi situación. Seguramente no, estamos perdiendo la capacidad de velar por los intereses de todos como el propio.

Somos parte de un conjunto social, un ente integrado a partir de muchos individuos. Velar por el interés o ayudando a unos se ayuda y fortalece la sociedad. La civilidad es la mejor muestra de ello. Desafortunadamente el egoismo y la defensa a ultranza de nosotros mismos sin importar el prójimo es el principal erosionador de la convivencia y la calidad de vida de una sociedad.

Otras reflexiones me llevaron a pensar en la suerte que tuve, el destino y otras cosas no menos abstractas, sin embargo, retomo la reflexión social, la parte humana y la plasmo aquí, cerrando con un profundo agradecimiento y respeto por Rafael y Guillermo, las dos personas que me ayudaron y estuvieron conmigo en todo momento de la tragedia. Sin ellos, aunque me hubiera costado más salir del embrollo, valoro su apoyo y analtezco su alto sentido social y humano para ayudar a un semejante hundido en el infortunio, que afortunadamente no fue grave, pero más valor aún.

Un tributo a ustedes y la enseñanza, lo retomo y comparto con aquella persona que busque hacer de nuestro país un lugar mejor.

Gracias y hasta la próxima

"E Pluribus Unum"

2 comentarios:

losgatosenpuebla@hotmail.com dijo...

Mi querido Rod, que bueno que estes bien y qu en te hayamos perdido en un estupido accidente automovilístico. Me hubiera quedado sin la oportunidad de seguir conociendo a tan agradable ser humano. Cuidate mucho y nos vemos pronto. Besos y abrazos

¿quién crees? dijo...

Ay...

Pós al final, qué bueno que no te pasó nada-nada-nada. Nomás eso y que te adoro con todo mi corazón :)

P.D. Hierba mala, nunca muere, jajaja. No es cierto.