domingo, 4 de noviembre de 2007

Viaje a la capital del Imperio I

La semana pasada realicé un viaje a Washington D.C. para tomar un pequeño curso de Comunicación Política y Marketing Público en la Universidad de GW. Más allá de lo aprendido en materia de comunicación y demás disciplinas me gustaría comentar algunas de mis experiencias en aquella ciudad.

En primer lugar quisiera hacer mención de lo que Washington representó para mi. Nunca había tenido la oportunidad de estar en una ciudad de tanta importancia a nivel mundial, y que forma parte del establishment norteamericano, muy diferente a lo que yo conocía del sur de ese país.

Comienzo por comentar un poco sobre mi llegada. Para todos aquellos acostumbrados a volar por el territorio mexicano, observar las ciudades desde lo alto resulta siempre un espectáculo impresionante. La altura, el paisaje, la traza de las calles, las colonias, los automóviles desplazándose, al igual que la infraestructura en general de la ciudad. Un espectáculo sin dudas. Sin embargo, en mi vuelo de la ciudad de México a Washington haciendo escala en Houston me topé con una arquitectura y trazo de las ciudad completamente diferente.

Además de lo maravilloso de la vista producto de la altura pude observar lo evidente del funcionamiento de las ciudades norteamericanas, tanto de Houston como de D.C. A Houston llegué de día así que pude ver a la perfección la traza de la ciudad. Lás áreas habitacionales perfectamente divididas y sobre todo respetando el ambiente. A diferencia de lo que ocurre en este país. Las construcciones en estados unidos, o los fraccionamientos tienden a tener una gran cantidad de espacio abierto, factor que les permite principalmente dos cosas: cuidar y proteger el mayor número posible de árboles y paisaje, y contar con mayores espacios que permitan crecer en el futuro. Por este motivo, no es extraño ver casas con un bosque como patio trasero, o a la orilla de cuerpos de agua.

Lo mismo sucede con las avenidas. El tamaño de las avenidas o carreteras principales es inmenso, 5 carriles como mínimo con el respectivo acotamiento de ambos lados. Además no hay construcciones inmediatas, tienen como 20 - 30 metros de espacio de maniobra a cada lado para futuras expansiones. Sobra decir que la mayoría de ellas también no permiten vueltas abruptas, las curvas tienen un grado máximo. Las intersecciones son inmensas y permiten cambiar entre una autopista y otra sin apenas hacer variaciones de velocidad. La magnífica planeación permite varias cosas: la principal, la seguridad, el resto tiene que ver con ahorro de recursos como gasolina y desgaste de los automóviles. En la ciudad de México, las vías rápidas difícilmente cuentan con más de 3 carriles sin acotamiento. La razón obedece a la falta de planeación en su construcción. Las vías principales de esta ciudad datan de 1950 en donde no se hizo una adaptación adecuada de las vías, así como una urbanización descontrolada que lo único que ocasionó con el paso de los años es caos vial sin opción cualitativa de expasión (los segundos pisos no son más que un remedio temporal que no soluciona, es una remedio netamente paliativo).

La planeación resulta fundamental en todo proyecto humano que aspire a ser sustentable en sentido positivo.

No hay comentarios.: