Han transcurrido ya 6 meses desde las elecciones presidenciales del 2 de julio del 2006. Las cosas parecen estabilizarse en un equilibrio resignado. Felipe Calderón ha asumido el cargo y lo ha hecho ya con claroscuros. Programas contra el narcotráfico, programas de salud y de desarrollo social, pero también con incrementos en precios, especialmente en la tortilla y algunos combustibles.
La realidad es que México no está avanzando como debería. Nuestra clase política es una imbécil en conjunto en donde temo decirlo, nadie escapa. La toma de decisiones están capturadas por esa cúpula que no tiene capacidad de enfrentarse al futuro. México nunca ha tenido la capacidad de ver en el largo plazo. Es un mal congénito. Ahora lo padecemos bajo el riesgo del colapso, la crisis y el estallido social.
Somos un pueblo pobremente educado, viciado y sin mayor aspiración que el crecimiento propio. Esa es la anatomía del mexicano. El egoismo absoluto, el egoismo imbécil.
Tengo la esperanza que con el paso del tiempo vayamos madurando en el desarrollo del país, de las personas, pero sobre todo definiéndo qué país queremos y presionar a la bola de sátrapas para que hagan lo que deberían de hacer, para lo que se les paga y no solo para perpetuar sus absurdos y anacrónicos privilegios.
martes 30 de enero de 2007
La situación de México después del 2 de Julio.
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lunes 29 de enero de 2007
Primer lunes de escritura
Estamos viendo la película o documental de los "piratas de Silicon Valley" pero oh sorpresa está en inglés, y qué creen, en efecto, no me gusta y estoy aquí. Ni modo, a poner un poco más de atención. Valdrá la pena verla después con subtítulos o en español.
Algo así como lo siguiente jajaja, pero menos españoliza'o
El día de hoy estuvo tranquilo. Hice mis ya rutinarias actividades de los lunes que incluyen un resumen noticioso así como un breve análisis de coyuntura. Todo salió bien. Después partí rumbo a la ibero para ya finiquitar de una vez por todas esos trámites engorrosos que rodean la obtención del título profesional. Después de sortear vados, puentes en reparación y construcción de ejes viales, pude llegar a la zona idílica de santa fe. Estacioné el carro en la escuela, donde por cierto ya cobran 15 pesos a diferencia de cuando iba de manera regular que cobraran 35, hijos de puta; caminé al departamento de servicio social y oh sorpresa, no estaba el profesor, pero las encargadas me dijeron que podía dejar mi carta. Así lo intente hasta que vieron mi papel y fueron certeras al decirme el típico "uuuuuuy no jovennn, se la hicieron mal, la va a tener que repetir" (diantres y demonios) lo cual implicaba tener que ir a la institución a que me dieran otra carta aunado a la visita inútil porque no iba a poder iniciar los trámtes de revisión de estudios. Finalmente así sucedió. El profesor me dijo que en efecto, que estaba mal y que necesitaba otra carta, pero que él estaba ahí puesto toda la semana para recibirla. Maldita sea fui hasta Santa Fe para nadaaa. Claro, la ley del imbécil del Murphy no podía dejarme ser en evento tan importante. No me extrañó.
No comí y regresé a la oficina de malas como era de esperarse. Terminé mis labores y finalicé algunas entradas para después dirigirme al Tec en busca de nuevas experiencias en materia de Cibercultura. Afortunadamente tuve 15 minutos para comer una banderilla de salchicha que me salvó de morir de inanición. Expusimos un poco sobre la revolución de los blogs y comenzamos a ver la película que ya describí anteriormente un poco tarde por lo que la clase se prolongó 40 minutos saliendo de las instalaciones casi a las 11; todavía le di un aventón a Martha dada la hora y la ausencia de medios de transporte seguros.
Llegué a la casa y simplemente me aplasté un rato en la computadora finiquitar el día de forma linda y agradable, ya me dormí y poco tarde pensando en muchas cosas y deseando que el día de mañana fuera mejor; por qué no? quizá en Cuernvaca.
Saludos
Algo así como lo siguiente jajaja, pero menos españoliza'o
El día de hoy estuvo tranquilo. Hice mis ya rutinarias actividades de los lunes que incluyen un resumen noticioso así como un breve análisis de coyuntura. Todo salió bien. Después partí rumbo a la ibero para ya finiquitar de una vez por todas esos trámites engorrosos que rodean la obtención del título profesional. Después de sortear vados, puentes en reparación y construcción de ejes viales, pude llegar a la zona idílica de santa fe. Estacioné el carro en la escuela, donde por cierto ya cobran 15 pesos a diferencia de cuando iba de manera regular que cobraran 35, hijos de puta; caminé al departamento de servicio social y oh sorpresa, no estaba el profesor, pero las encargadas me dijeron que podía dejar mi carta. Así lo intente hasta que vieron mi papel y fueron certeras al decirme el típico "uuuuuuy no jovennn, se la hicieron mal, la va a tener que repetir" (diantres y demonios) lo cual implicaba tener que ir a la institución a que me dieran otra carta aunado a la visita inútil porque no iba a poder iniciar los trámtes de revisión de estudios. Finalmente así sucedió. El profesor me dijo que en efecto, que estaba mal y que necesitaba otra carta, pero que él estaba ahí puesto toda la semana para recibirla. Maldita sea fui hasta Santa Fe para nadaaa. Claro, la ley del imbécil del Murphy no podía dejarme ser en evento tan importante. No me extrañó.
No comí y regresé a la oficina de malas como era de esperarse. Terminé mis labores y finalicé algunas entradas para después dirigirme al Tec en busca de nuevas experiencias en materia de Cibercultura. Afortunadamente tuve 15 minutos para comer una banderilla de salchicha que me salvó de morir de inanición. Expusimos un poco sobre la revolución de los blogs y comenzamos a ver la película que ya describí anteriormente un poco tarde por lo que la clase se prolongó 40 minutos saliendo de las instalaciones casi a las 11; todavía le di un aventón a Martha dada la hora y la ausencia de medios de transporte seguros.
Llegué a la casa y simplemente me aplasté un rato en la computadora finiquitar el día de forma linda y agradable, ya me dormí y poco tarde pensando en muchas cosas y deseando que el día de mañana fuera mejor; por qué no? quizá en Cuernvaca.
Saludos
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viernes 26 de enero de 2007
Defensa de los imbéciles
No hay en el mundo raza más necesitada y prolífica que los imbéciles. Si no hubieran existido hombres geniales, seríamos todavía bárbaros; pero sin estúpidos, el género humano hubiera terminado hace ya mucho tiempo. Y es un gran argumento a favor de la Providencia que en todo tiempo sean justamente ellos os más numerosos y los más poderosos. A veces ha transcurrido medio siglo sin que apareciera un ingenio soberano y fuera de lo corriente, pero cada día que amanecer ve crecer y florecer “el infinito linaje de los tontos”.
Los encontramos por todas partes, incluso allí donde no nos lo esperaríamos, y no solamente en puestos humildes, subalternos y oscuros, sino en los primeros y más altos. Puede decirse que los imbéciles forman el máximo cuerpo de la Humanidad, de manera que estudiar al hombre es lo mismo que definir la naturaleza de los mediocres y de los idiotas. “Son bobos –decía el agudísimo Gracián- todos aquellos que parecen tales y la mitad de aquellos que no lo parecen”. Y como la mayoría son reconocibles a primera vista como imbéciles incluso por los inteligentes más distraídos, fácil resulta hacer la cuenta y llegar una suma no demasiado distante del total de los habitantes del planeta.
Este cálculo parecerá exagerado e irreverente a quien no advierta que el verdadero imbécil, la mayoría de las veces, está segurísimo de que no lo es. Habrá quien reconozca la propia fealdad, la propia miseria, e incluso las propias infamias; pero todos, y más que nadie los necios, están segurísimos de poseer tanta inteligencia como para igualar o superar a la mayor parte de aquellos que viven cerca de ellos. No hay imbécil por derecho de nacimiento que, al cabo del día, no tenga por imbéciles a sus vecinos y compañeros, y justo en estos juicios y que con frecuencia sólo en ellos demuestra que no es imbécil, sino clarividente.
Ya que no hay que creer que los imbéciles más sólidos y seguros sean aquellos pobres insensatos que nada dicen ni hacen. La gran máquina del mundo no tiene mecánicos más activos y universales que los tontos. No retenidos por la duda de los reflexivos, ni por la humildad de los grandes, ni por el sentido de responsabilidad de los sabios superiores, dan prueba de una jactancia y de una seguridad que al mismo tiempo consuela y asusta. Todo país está lleno de imbéciles que escriben, que enseñan, que hablan a los pueblos, que conciertan asuntos, que administran y gobiernan, que fabrican teorías y obras de todas clases. ¡Ay, si no estuvieran! ¿Quién se resignaría a muchas de aquellas profesiones que endurecen el ánimo y entristecen el ingenio? ¿Quién haría aquellos innumerables quehaceres más o menos útiles que procurarían insoportable fastidio y asco a un espíritu noble, contemplativo y delicado?
Los necios son, en resumen, extremadamente necesarios para la marcha de la familia humana, y, de manera particular, más necesarios a los no imbéciles. Con respecto a éstos, ejercen un oficio similar al de los antiguos esclavos, asumiendo alegremente una infinidad de cargas, de fastidios y de horrores que los genios rechazarían, y además sirven a los grandes como perspectiva y fondo para darles mayor volumen y realce. Si todos fueran inteligentes, ¿qué mérito tendría la inteligencia? Y si la mayoría fuesen genios, ¿a dónde iría a parar la voluptuosidad de sentirse más arriba que los demás?
Es también verdad que la convivencia con los idiotas resulta un martirio constante para aquellos que no son idiotas. Poner a un hombre grande en compañía de tontos, y la mayor parte de las veces éstos se burlarán de él, lo detestarán o por lo menos lo comprenderán mal. Toda su grandeza sólo le servirá para sufrir, callar o ponerse la máscara de necio. Pero el desdén que los tontos provocan en los sabios es señal de poca sabiduría, de ingratitud y acaso de envidia, ¿Qué culpa tienen los imbéciles de su imbecilidad? Y si ésta fuese curable con una iluminación sublimadota, ¿quién debería sanarla? ¿Acaso no debieran ser aquellos a quienes Dios ha concedido el don de un ingenio sublime y luminoso?
Nadie se indigna al ver una criatura deforme, o con la nariz roída por un lupus, ¿y vamos a enfadarnos si nos encontramos entre los pies, como sucede a cada momento, con hombres de mente torcida, de corazón mal hecho y de alma deshabitada? Escuchar sus palabras es perjudicial, ya que la idiotez es irritante y contagiosa; tratarlos con demasía es aconsejable, porque un imbécil difícilmente llega a ser generoso; querer ir contra ellos es propio de locos, porque constituyen la mayoría y suelen ser impertérritos y tenaces como la estirpe asnal. De forma que sólo quedan dos caminos: educarlos o tolerarlos. El primer partido suele ser desesperado; el segundo, penosísimo.
Y de aquí nace el rencor despreciativo que los hombres de ingenio demuestran hacia la ilimitada masa de idiotas pululantes e imperantes. Más en la aversión de los inteligentes suele haber un fermento de envidia. Y no sin excusas, ya que entre los imbéciles, más que entre el resto de los hombres, se encuentran los felices y los poderosos. Más inteligencia, más dolor; ergo, menos inteligencia, más paz y satisfacción. Nadie está más seguro de sí mismo y de su ser que un tonto perfecto: en su interior no hay tragedias, ni dramas, ni angustias, ni desesperaciones. El alma le da poco fastidio, porque está casi apagada; la única cosa que le entristecería es aquella que durante toda su vida ignora, es decir, el ser un tonto.
Y no es maravilla si la mayor parte de las veces los imbéciles alcanzan mayor éxito en el mundo que los grandes ingenios. Mientras que éstos se encuentran con que deben combatir contra sí mismos y, como si ello no fuera bastante, contra todos los mediocres que detestan por instinto cualquier forma de superioridad, el imbécil, a donde quiera que vaya, se encuentra entre sus pares, entre compañeros y hermanos, y , por un natural espíritu de cuerpo, es ayudado y protegido. El estúpido solo enuncia pensamientos usuales en forma corriente, y por ello es aprobado por sus semejantes, que son legión, mientras que el genio tiene el terrible vicio de oponerse a las opiniones dominantes y de querer alterar, junto con el pensamiento, la vida de la mayoría.
Eso explica por qué las obras y las hazañas de los imbéciles son tan abundantemente solicitadas y admiradas. Casi todos los que juzgan son de la misma levadura y de los mismos gustos, y aprueban con entusiasmo las cosas hechas o dichas por alguno un poco más hábil que ellos. El favor casi universal con que se acogen los frutos de la imbecilidad instruida y temeraria aumenta la ya copiosa felicidad de éstos. En cambio, la obra del hombre grande únicamente pude ser comprendida y admirada por sus iguales, que son, en cada generación, poquísimos, y sólo con el tiempo estos pocos logran imponerla, por lo menos en apariencia, a la gregaria estimación de la mayoría. Y la mayor victoria de los tontos es la de obligar a los sabios a actuar y a hablar como tontos, ya sea para vivir con mayor tranquilidad, ya sea para salvarse en los días de las epidemias agudas de estulticia universal.
Mas no está dicho que la inteligencia razonador y esplendante sea la única escala hacia la grandeza. A veces también el genio, que la inspiración intermitente y efímera, puede coexistir con la tontería. La Fontaine, en sociedad, en sociedad, daba la impresión de un medio imbécil, y San José de Copertino parecía el hombre más bobo de sus tiempos. Sin embargo, hoy, hasta los más difíciles de contentar admiran en el primero el gran poeta y todos los cristianos veneran en el otro al santo milagroso.
Finalmente, es preciso no olvidar que los hombres de genio no llegarían a ser famosos si no consiguieran atraer además la admiración de los necios. El viejo Voltaire se preguntaba: “Combien de sots faut-il pour faire un public?” Pero luego se regocijaba al saber que las plateas de París aplaudían su Zaira y su Mahoma.
G.P.
Debo hacer un reconocimiento público a Marisol por hacer de mi conocimiento tan tremendo, revelador, sublime, audaz, claro y visionario texto
Los encontramos por todas partes, incluso allí donde no nos lo esperaríamos, y no solamente en puestos humildes, subalternos y oscuros, sino en los primeros y más altos. Puede decirse que los imbéciles forman el máximo cuerpo de la Humanidad, de manera que estudiar al hombre es lo mismo que definir la naturaleza de los mediocres y de los idiotas. “Son bobos –decía el agudísimo Gracián- todos aquellos que parecen tales y la mitad de aquellos que no lo parecen”. Y como la mayoría son reconocibles a primera vista como imbéciles incluso por los inteligentes más distraídos, fácil resulta hacer la cuenta y llegar una suma no demasiado distante del total de los habitantes del planeta.
Este cálculo parecerá exagerado e irreverente a quien no advierta que el verdadero imbécil, la mayoría de las veces, está segurísimo de que no lo es. Habrá quien reconozca la propia fealdad, la propia miseria, e incluso las propias infamias; pero todos, y más que nadie los necios, están segurísimos de poseer tanta inteligencia como para igualar o superar a la mayor parte de aquellos que viven cerca de ellos. No hay imbécil por derecho de nacimiento que, al cabo del día, no tenga por imbéciles a sus vecinos y compañeros, y justo en estos juicios y que con frecuencia sólo en ellos demuestra que no es imbécil, sino clarividente.
Ya que no hay que creer que los imbéciles más sólidos y seguros sean aquellos pobres insensatos que nada dicen ni hacen. La gran máquina del mundo no tiene mecánicos más activos y universales que los tontos. No retenidos por la duda de los reflexivos, ni por la humildad de los grandes, ni por el sentido de responsabilidad de los sabios superiores, dan prueba de una jactancia y de una seguridad que al mismo tiempo consuela y asusta. Todo país está lleno de imbéciles que escriben, que enseñan, que hablan a los pueblos, que conciertan asuntos, que administran y gobiernan, que fabrican teorías y obras de todas clases. ¡Ay, si no estuvieran! ¿Quién se resignaría a muchas de aquellas profesiones que endurecen el ánimo y entristecen el ingenio? ¿Quién haría aquellos innumerables quehaceres más o menos útiles que procurarían insoportable fastidio y asco a un espíritu noble, contemplativo y delicado?
Los necios son, en resumen, extremadamente necesarios para la marcha de la familia humana, y, de manera particular, más necesarios a los no imbéciles. Con respecto a éstos, ejercen un oficio similar al de los antiguos esclavos, asumiendo alegremente una infinidad de cargas, de fastidios y de horrores que los genios rechazarían, y además sirven a los grandes como perspectiva y fondo para darles mayor volumen y realce. Si todos fueran inteligentes, ¿qué mérito tendría la inteligencia? Y si la mayoría fuesen genios, ¿a dónde iría a parar la voluptuosidad de sentirse más arriba que los demás?
Es también verdad que la convivencia con los idiotas resulta un martirio constante para aquellos que no son idiotas. Poner a un hombre grande en compañía de tontos, y la mayor parte de las veces éstos se burlarán de él, lo detestarán o por lo menos lo comprenderán mal. Toda su grandeza sólo le servirá para sufrir, callar o ponerse la máscara de necio. Pero el desdén que los tontos provocan en los sabios es señal de poca sabiduría, de ingratitud y acaso de envidia, ¿Qué culpa tienen los imbéciles de su imbecilidad? Y si ésta fuese curable con una iluminación sublimadota, ¿quién debería sanarla? ¿Acaso no debieran ser aquellos a quienes Dios ha concedido el don de un ingenio sublime y luminoso?
Nadie se indigna al ver una criatura deforme, o con la nariz roída por un lupus, ¿y vamos a enfadarnos si nos encontramos entre los pies, como sucede a cada momento, con hombres de mente torcida, de corazón mal hecho y de alma deshabitada? Escuchar sus palabras es perjudicial, ya que la idiotez es irritante y contagiosa; tratarlos con demasía es aconsejable, porque un imbécil difícilmente llega a ser generoso; querer ir contra ellos es propio de locos, porque constituyen la mayoría y suelen ser impertérritos y tenaces como la estirpe asnal. De forma que sólo quedan dos caminos: educarlos o tolerarlos. El primer partido suele ser desesperado; el segundo, penosísimo.
Y de aquí nace el rencor despreciativo que los hombres de ingenio demuestran hacia la ilimitada masa de idiotas pululantes e imperantes. Más en la aversión de los inteligentes suele haber un fermento de envidia. Y no sin excusas, ya que entre los imbéciles, más que entre el resto de los hombres, se encuentran los felices y los poderosos. Más inteligencia, más dolor; ergo, menos inteligencia, más paz y satisfacción. Nadie está más seguro de sí mismo y de su ser que un tonto perfecto: en su interior no hay tragedias, ni dramas, ni angustias, ni desesperaciones. El alma le da poco fastidio, porque está casi apagada; la única cosa que le entristecería es aquella que durante toda su vida ignora, es decir, el ser un tonto.
Y no es maravilla si la mayor parte de las veces los imbéciles alcanzan mayor éxito en el mundo que los grandes ingenios. Mientras que éstos se encuentran con que deben combatir contra sí mismos y, como si ello no fuera bastante, contra todos los mediocres que detestan por instinto cualquier forma de superioridad, el imbécil, a donde quiera que vaya, se encuentra entre sus pares, entre compañeros y hermanos, y , por un natural espíritu de cuerpo, es ayudado y protegido. El estúpido solo enuncia pensamientos usuales en forma corriente, y por ello es aprobado por sus semejantes, que son legión, mientras que el genio tiene el terrible vicio de oponerse a las opiniones dominantes y de querer alterar, junto con el pensamiento, la vida de la mayoría.
Eso explica por qué las obras y las hazañas de los imbéciles son tan abundantemente solicitadas y admiradas. Casi todos los que juzgan son de la misma levadura y de los mismos gustos, y aprueban con entusiasmo las cosas hechas o dichas por alguno un poco más hábil que ellos. El favor casi universal con que se acogen los frutos de la imbecilidad instruida y temeraria aumenta la ya copiosa felicidad de éstos. En cambio, la obra del hombre grande únicamente pude ser comprendida y admirada por sus iguales, que son, en cada generación, poquísimos, y sólo con el tiempo estos pocos logran imponerla, por lo menos en apariencia, a la gregaria estimación de la mayoría. Y la mayor victoria de los tontos es la de obligar a los sabios a actuar y a hablar como tontos, ya sea para vivir con mayor tranquilidad, ya sea para salvarse en los días de las epidemias agudas de estulticia universal.
Mas no está dicho que la inteligencia razonador y esplendante sea la única escala hacia la grandeza. A veces también el genio, que la inspiración intermitente y efímera, puede coexistir con la tontería. La Fontaine, en sociedad, en sociedad, daba la impresión de un medio imbécil, y San José de Copertino parecía el hombre más bobo de sus tiempos. Sin embargo, hoy, hasta los más difíciles de contentar admiran en el primero el gran poeta y todos los cristianos veneran en el otro al santo milagroso.
Finalmente, es preciso no olvidar que los hombres de genio no llegarían a ser famosos si no consiguieran atraer además la admiración de los necios. El viejo Voltaire se preguntaba: “Combien de sots faut-il pour faire un public?” Pero luego se regocijaba al saber que las plateas de París aplaudían su Zaira y su Mahoma.
G.P.
Debo hacer un reconocimiento público a Marisol por hacer de mi conocimiento tan tremendo, revelador, sublime, audaz, claro y visionario texto
Un día en la oficina

Esta es la segunda entrada, estamos todos muy emocionados y entusiastas al respecto. Blogger parece ser un blog bastante simpático y agradable. No parece en absoluto complicado como el otro de Xanga que tiene miles de cosas que nadie entiende, salvo los geeks
Pasando a otros temas más acordes con el título... el día de hoy es viernes. Los viernes suelen ser un buen día, usualmente salimos relativamente temprano de la oficina y podemos aprovechar la tarde en actividades de reacreación y alcoholización.
En lo personal no soy muy devoto de salir mucho. La vida ha sido dura conmigo en mis habilidades dancísticas dando como resultado un ser apático al antreo y todo eso que hace la gente de mi edad.
El día de hoy está tranquilo. El buen Sinuhé Mar nos proporcionó unos pays de piña y queso de manufactura materna y casera. Muy buenos. 10 pesos la pieza. Los tradicionales tacos de canasta se acaban de ir y me encuentro felizmente explotando mis capacidades redactoras junto a un café de máquina con un ligero toque de vainilla y el ya mencionado pay. Envidiable podrían decir muchos, tal vez así lo sea.
Para la información de aquellos que no sepan qué onda, les comento que hago bien en trabajar en una agencia de eso que la gente o las empresas llaman "relaciones públicas", muy interesante si eres comunicólogo. Llevo por aquí algunos meses ya gracias a la buena de Joselyne, que hizo a bien invitarme a laborar en tan prestigiosa empresa después de ser menospreciados en nuestro anterior trabajo. Una larga historia.
Es un lugar curioso en donde el carácter mexicano resalta en todos lados que volteamos, desde el hacinamiento de mis colegas y yo en un reducido espacio de 3x4 m. hasta el lugar de nuestro estacionamiento, finamente delimitado por cubetas y protegido por ramas arboreas, que brindan sombra de protección.
En referencia a mi ingreso es importante e ilustrativo mencionar que un ayudante de autopsias gana $7600 pesos. Es una buena cantidad considerando que solo tienes que pasarle al forense sus utensilios y detenerle al muertito mientras lo navajean. Quizá lo más complicado del trabajo sea sostener las viscéras del afectado. Afortunadamente para mi causa las relaciones públicas son más generosas y aunque no gano esa cantidad, al menos no tengo que lidiar con muertitos.
Son buenos los tacos de canasta, se han dado cuenta?, los de chicharrón en especial. Su origen puede ser cuestionado de igual forma que sus características nutricionales, pero el sabor grasosos propio de la comida mexicana nadie puede dudar que es bueno.
Marisol está haciendo pesas en la oficina, no cabe duda que está llevando en buena forma esto de los asuntos y las relaciones públicas. La consecuencias de los tacos y los pays generalmente tiende a ser una resaca lonjal, o lo que es lo mismo, una escalada en las dimensiones abdominales, o como se dice vulgarmente, un encerdamiento.
Joselyne está muy ocupada en una presentación para un cliente, ha estado enferma de gripa, y nos ha ofrecido ya un poco de moquito, pero la verdad es que estamos ya un poco inapetentes. En un rato se largoteará a Cuernavaca con su banda. ¡Qué envidia! Cuernavaca es chingón.
Eric por su parte debe estar discutiendo y amenazando a Richard Edelman por no cumplir bien su trabajo, esperemos que no lo corra, porque no queremos quedarnos sin empresa, al menos no por el momento.
Al ver por la ventana no puedo evitar ver a Lázaro y pensar en los 10 pesos que me cobra todas las mañanas por tener derecho al privilegiado lugar de estacionamiento antes mencionado. Espero que sean bien utilizados y no todo termine en el pago de cuotas a tiras corruptos.
En fin, qué más puedo decir, seguiré con mis labores, por lo pronto esto del blog ha sido una experiencia interesante y seguiremos por aquí en los días consecuentes hasta que el destino o la muerte nos separa. Lo que suceda primero.
Un placer y hasta la próxima.
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Primer entrada... Gracias
Quisiera hacer comenzar este blog haciendo un reconocimiento público a todo aquello, incluyendo personas que me permiten escribir estas palabras:
- La miss del kinder, que hizo bien en ilustrarme en el mundo de las grafías occidentales.
- La primaria por enseñarme las normas lingüísticas.
- El nintendo por meterme la curiosidad por los electrónicos.
- Mi obsesión con el MS-DOS en tercero de primaria.
- A los discos de 5 1/4.
- A la miss Peggy, maestra de mecanografía por enseñarme cómo colocar los dedos y a escribir rápido.
- A mi primer computadora Pentium (586) a 100 Mhz. de 16 Mb de Ram y 1.2 GB de disco duro que llegó a iluminarme la vida en 1998.
- A Bill Gates por su afán de que todos los ciudadanos de la tierra tuvieran una computadora personal.
- A Apple por ponerle un hasta aquí a Bill Gates.
- Al Internet por su majestuosa aportación.
- A la banda ancha, sin ella esto sería tan lento que daría güeva.
- A Google, por comprar todo cuanto sale a su paso en materia de comunidades y blogs, incluyendo Blogger.
- A mi buen jefe Gonzalo por dejarme salir 10 minutos antes para llegar a la escuela y meditar.
- Al ocio, la madre de todos los vicios.
- A la ausencia el día de hoy de güeva cibernética.
- A mis colegas y amigos.
A todos ellos muchas gracias, sin ustedes esto no sería posible y estaría inmerso seguramente en otro lugar menos virtual.
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