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martes 28 de agosto de 2007

Los Hijos de la Tierra




Acabo de terminar de leer los 5 libros de la serie "Los hijos de la Tierra" de la autora norteamericana Jean Auel.





La serie me deja un muy buen sabor de boca sobre la temática de los libros, las aventuras de una joven Cro-magnon que queda huérfana a los 5 años debido a un terremoto que acaba con su campamento, después de vagar algunos días y sufrir varias penurias es encontrada por un grupo de Neanderthales autodenominados "el Clan del oso cavernario", quienes la adoptan y la crian como una igual. Desde el inicio del relato empiezan a hacerse presentes las diferencias entre ambas especies, mismas que llevan a la protagonista a vivir grandes aventuras. El primer libro concluye con la protagonista abandonando la gente que la crio en busca de los de su especie. El segundo libro narra su trayecto en busca de los "Otros" y su vida solitaria en "el valle de los caballos" donde se hace de 2 amigos bastante peculiares. Mientras tanto, Jondalar y Thonolan, dos hermanos cromagnones emprenden un viaje a tierras lejanas, la historia corre paralelamente a la de Ayla, describiendo las travesías de ambos, hasta que Ayla encuentra a Jondalar, momento en el cual empieza una relación especial, pero con los problemas que deben enfrentar por provenir de culturas tan diferentes. El libro concluye cuando en un recorrido entre ambos se encuentran con otro grupo de personas autodenominados "los cazadores de mamuts", el tercero describe todo el tiempo que pasan Ayla y Jondalar con estas personas, contando sus costumbres, y sus relaciones con gente tan diferente a ellos en costumbres. Sin embargo, en este tiempo Ayla y Jondalar se distancian por problemas derivados del origen de Ayla, pero el libro termina con la reconcialiación de ambos y empiezan un largo viaje de regreso a la tierra de Jondalar que describirá en el cuarto libro su paso a través de las "llanuras del tránsito" hasta llegar a la tierra de los Zelandoni, el pueblo de Jondalar donde empieza el quinto libro, que narra todo el proceso por el que Ayla tiene que pasar en los "refugios de piedra" para ser aceptada por el pueblo él con quien finalmente se termina emparejaa.



Toda esta historia es súmamente rica en descripciones y conocimiento antropológico. Es evidente que para la realización y recreación de las actividades de nuestros antepasados se requierieron años de investigación sobre los vestigios, así como del conocimiento de las diferentes teorías acerca de la evolución humana. Esta novela es verdaderamente una obra digna de disfrutarse, no solo por la capacidad creativa y lo complejo de los personajes, sino por el sustento científico que da base al relato, lo que lo convierte en una ventana al pasado que en mi particular punto de vista me deja una serie de reflexiones sobre la Humanidad y su desarrollo cultural y espiritual.

jueves 16 de agosto de 2007

Agradecimiento a la civilidad

El viernes pasado fui a Cuernavaca. El trayecto pintaba para ser lo tranquilo que de costumbre. Sin embargo, el destino me tenía jugada una mala pasada.

Pasado el poblado de Tres Marías, una de mis llantas explotó lo que ocasionó que perdiera completamente el control del carro. Después de dar varios giros pude detener el carro que quedó viendo en sentido contrario ante las miradas absortas de los automovilistas de atrás. Entre ellas hubo tres, el conductor de un traíler que venía cerca, un Accord coupé y un Jetta.

Afortunadamente quienes venían atrás de mi lograron ver con tiempo la pérdida de control del carro y pudieron frenar casi sin problemas. Después de echarme en reversa para liberar la autopista y ponerme sobre el acotamiento, los respectivos conductores de los tres automóviles se bajaron a corroborar mi estado que si bien no era óptimo en términos emocionales después de esa descarga de adrenalina, la realidad es que estaba ileso y el carro entero más allá de una llanta destrozada y el rin un poco maltrado.


Una vez que me tranquilicé un poco de la emoción, me ayudaron a cambiar la llanta y me escoltaron para que pudiera llegar a salvo a Cuernavaca. Llegando ahí, nos bajamos nuevamente y les agradecí sinceramente la ayuda brindada.

Ese hecho me hizo reflexionar varias cosas, en primer lugar, el grado de civilidad de estas personas. Ayudar a un perfecto desconocido a pesar de la evidencia de mi integridad física, pero sobre todo, procurar mi bienestar y escoltarme a la ciudad fue un acto que valoré en demasía. Siempre he sido de la idea de ayudar aquellos compañeros, amigos, compatriotas, personas que estén en desgracia y sea nuestra posibilidad ayudar en la medida de la situación. Es difícil llevar a cabo estos pensamientos, yo mismo me cuestiono si hubiera sido capaz de bajarme y ayudar a alguien en mi situación. Seguramente no, estamos perdiendo la capacidad de velar por los intereses de todos como el propio.

Somos parte de un conjunto social, un ente integrado a partir de muchos individuos. Velar por el interés o ayudando a unos se ayuda y fortalece la sociedad. La civilidad es la mejor muestra de ello. Desafortunadamente el egoismo y la defensa a ultranza de nosotros mismos sin importar el prójimo es el principal erosionador de la convivencia y la calidad de vida de una sociedad.

Otras reflexiones me llevaron a pensar en la suerte que tuve, el destino y otras cosas no menos abstractas, sin embargo, retomo la reflexión social, la parte humana y la plasmo aquí, cerrando con un profundo agradecimiento y respeto por Rafael y Guillermo, las dos personas que me ayudaron y estuvieron conmigo en todo momento de la tragedia. Sin ellos, aunque me hubiera costado más salir del embrollo, valoro su apoyo y analtezco su alto sentido social y humano para ayudar a un semejante hundido en el infortunio, que afortunadamente no fue grave, pero más valor aún.

Un tributo a ustedes y la enseñanza, lo retomo y comparto con aquella persona que busque hacer de nuestro país un lugar mejor.

Gracias y hasta la próxima

"E Pluribus Unum"

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