domingo, 27 de enero de 2008

Colombia y México I

En días recientes, aprovechando que conocí a Lina, una compañera y colega politóloga de Colombia que está haciendo su maestría en el Tec, he descubierto y analizado una serie de cuestiones entre México y su natal Colombia.

En primer lugar es necesario decir que desde siempre he pugnado por la integración latinoamericana en un bloque económica haciendo fuerza a partir de lo que nos une en historia y origen hispano-americano.

Tampoco era algo desconocido que la región tiene grandes desigualdades. Al grado de que no podemos poner a competir a Chile con Bolivia, Argentina con Ecuador o Brasil con Panamá. A pesar de estas desigualdades, el conocimiento que en México tenemos de las nacioens hermanas es esencialmente limitado. Las razones son muchas, entre ellas los costos de transporte a cualquier nación sudamericana son más caras que realizar viajes al viejo continente o a los Estados Unidos, con las prebendas que el primer mundo trae consigo, tanto en precios como en productos, historia, tecnología y desarrollo en general.

Los mexicanos, ante la oportunidad, realizamos viajes a Europa principalmente. No hay mucho sentido juntar o recurrir a un crédito para conocer lo que consideramos esencialmente "igual" o "muy parecido" a nuestro país. Estas son las razones, que a mi juicio, han traído un desconocimiento y una desintegración de Centro y Sudamérica con México. Aunado a la influencia norteamericana y a la pujanza atada a aquel país de la región norte industrial mexicana.

Pero entrando en materia de esta entrada, quisiera retomar la idea de integración latinoamericana, como un hecho que se encuentra, al menos desde la perspectiva mexicana, lejísimos de convertirse en una realidad. Por ahí está Hugo Chávez pugnando por traer dinero del FMI al recién creado Banco del Sur para tener capital que ayude al desarrollo de la región y se superen las brechas entre unos y otros. Sin embargo, existen diferencias importantes de sanear antes de que la región esté en condiciones de pasar a una integración que permita el libre tránsito de mercancías y personas y que puedan actuar en un bloque económico contra otros que han surgido como el TLC o la prototípica Unión Europea.

Mercosur puede resultar un buen intento pero los resultados sustentables y tangibles lucen todavía al día de hoy como algo distante y con probabilidades limitadas de éxito. Debo decir que no estoy inserto en las discusiones ni en las realidades nacionales. Sin embargo, no necesito ser un gran estudioso de aquellas naciones para saber que compartimos ciertos males congénitos que no permiten en un primer momento una integración fundamentada en tratados y en una reestructuración del concepto de soberanía para aquellos. El imperio de la ley es una pierna de la que cojean todas las naciones latinoamericanas, y en un país, un territorio o una región que tenga miras a expanderse, evolucionar o redefinir conceptos tan abstractos como el de la soberanía, la certeza legal y la certidumbre en la mecanización de los procesos más elementales resulta irreductible. No puede haber cambios sustantivos en las naciones mientras los liderazgos y la población no se sujetan al poder de la leyes.

En esta lógica, la integración latinoamericana resulta un tema, más que complejo, complicado de materializar, al menos en los próximos 5 - 10 años.

Por otro lado y metiendo a México en la discusión. Es poco el interés que México ha mostrado en relación a lo que sucede al sur de su frontera. Aquí solo los símbolos, la historia y la lengua nos une. Nuestra cercanía con los anglosajones ha derivado en un magnetismo de atención en lo que sucede siempre al norte en detrimento del sur. Es mi sentir que a México no le interesaría formar un bloque con el resto de la región latinoamericana en tanto Estados Unidos mantenga un interés estratégico en el país. Por otro lado, la dependencia económica que el país sufre del vecino país del norte obligan a jugar todas sus cartas en pro de la relación bilateral, con el mayor tacto posible. Aquí nadie quiere a Estados Unidos, sin embargo existe una relación de amor-odio que determina en gran sentido las acciones bilaterales entre ambos países.

México se encuentra inmerso en el dilema interés-origen, que representa su relación con el norte (interés), y con el resto del continente (origen). Al final parece que las cosas se decantan por el interés que la relación con el país más poderoso del mundo le genera. Sin embargo, esta relación parece no tener dividendos rentables en el largo plazo hacia México. Estados Unidos es una nación tradicionalmente egoísta en las decisiones que toma y no parece, al menos de momento, querer incluir de manera integral a México y Canadá en su proyecto estratégico de seguridad y bienestar de la región. Potencializar un bloque norteamericano podría ser aprovechado por los tres países en aras de maximizar sus fortalezas y disminuir sus debilidades de manera conjunta. Es un tema de primer orden para el futuro mediato de las tres naciones ante una reconfiguración mundial que no tiene forma del todo definida a 50 o 100 años.

Todo lo anterior surge de las pláticas y comentarios que Lina ha hecho en las veces que hemos tenido oportunidad de platicar. Entre ellas menciona que la ciudad de México tiene un transporte público envidiable con muchas opciones y muchas rutas. Tambíen menciona que los carros aquí son elegantísimos y nuevos. En Colombia un Chevrolet Optra ronda los 40 mil dólares. Aquí en México se le puede conseguir desde 15 mil. No me queda claro si estas cuesitones repercuten en la calidad de vida de los colombinas, lo que sí me queda claro es que las economías funcionan de manera diferente al igual que la forma de afrontar los problemas. En fin, ya estará publicando algunas otras impresiones entre estos países y en general de América Latina que parece sufrir grandes desigualdades no solo entre su población, sino entre los estados mismos que la conforman. Una zanja que parece infranqueable para la historia en relación al futuro.

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