martes, 20 de enero de 2009

Obama desde México


En estos momentos están transmitiendo la "asunción" de Obama a la presidencia norteamericana. Es sin duda un hecho de gran relevancia. Sin embargo, hay que matizar esta afirmación, sobre todo para aquellos que no formamos parte de aquel país.


A mi sin duda lo que me llama la atención son dos cosas. La primera es toda la parafernalia alrededor de la toma de posesión de un presidente, sea quien sea. Basta con ver el escenario montado en el enorme y pulcro capitolio para darnos una idea de la imagen de poder que se tiene sobre la figura presidencia. Pero más allá de esto, la gran cantidad de gente que asiste y los lugares que se "cobran" con donaciones para estar en primeras filas y poder ver al nuevo presidente.


El nivel de "esperanza" de los gringos parece moneda corriente, o algo que se adquiere con tan solo emitir un voto. Me parece asombroso como la democracia puede generar este tipo de cosas en un país como Estados Unidos. Sobre todo en una época en la que la crisis hace suponer que la elección de toda una nación implicará el resurgimiento de la misma. No quiero ser aguafiestas pero Obama llegó al poder más allá de su carisma, por el contraste que representa en relación a las políticas del Bush. Obama no llega a la presidencia con luz propia, sino con el contraste de la oscuridad dejada por 8 años de mal gobierno.



Tampoco estoy diciendo que Obama sea un cualquiera, sin duda es un buen líder y un estupendo candidato desde la perspectiva electoral, pero, el grado de expectativo generado en aquel país, y el mundo, me lleva a recordar lo que se esperaba de Fox en el 2000 aquí en México. No comparo las personalidades, pero sí el nivel de expectación respecto a la nueva adminstración. Al final, para el caso mexicano, lo que comenzó en jolgorio para la democracia terminó en velorio. El capital político de Obama es impresionante y ante un cargo tan poderoso como la Pesidencia, resulta verdaderamente una esperanza para los ciudadanos, aunque, esto no es sinónimo de que lo sea para el mundo.


Que Obama pueda ser un buen presidente para Estados Unidos no quiere decir que el mundo se vea beneficiado de esto. Es por todos sabido el espíritu imperial de aquel país y en la medida en que un gobierno ejerce bien sus funciones y dota de riqueza a sus conciudadanos, muchas naciones y publos se ven afectados en este ánimo. La creación y defensa de intereses estratégicos económicos de los norteamericanos está más allá de la condición de libertad e igualdad profesada entre ellos. No todos son iguales ni libres en el mundo, a menos claro que tengan pasaporte estadounidense.


Mi intención aquí es simplemente lanzar un mesaje de tomar la asención de Obama con cautela y no dejar comprar nuestras mentes con toda la estrategia mediática de salvación. No se pude hablar de un mensaje de esperanza para el mundo en la medida en que este no sea una solo unidad. Los norteamericanos lucharán por sus intereses, para algunos, estos intereses son los intereses de algunas naciones y tal vez se vean directamente beneficiadas, pero para otros, la mayoría, los intereses gringos son divergentes a los propios.


Para el caso de México, no veo en Obama nada que no haya visto en otros presidentes norteamericanos. Nuestro país no es prioridad en la agenda de desarrollo regional. En la medida que no exista un programa real. México es marginal en la política de los norteamericanos y por tanto, marginal de la esperanza que emana el cambio de gobierno.


Mucha suerte para el nuevo presidente, pero sobre todo, mucha suerte en la reconfiguración del orden mundial y de las políticas económicas. Que la crisis mundial sea lo que el mundo necesita para reorientar los modelos de desarrollo y el reajuste del modelo ideológico liberal.


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