jueves, 21 de mayo de 2009

Viaje a Colombia, parte 1


Aprovechando las vacaciones de fin de año, decidí ir a conocer Colombia dados los últimos acercamientos que tuve durante el año el pasado en que conocí a mi amiga Lina de aquel país. Abusando de su generosidad y la de su mamá por alojarme en su casa 2 semanas colmado de atenciones desde mi llegada, hasta el último día.

El Viaje

Mi viaje fue un vuelo directo de la Ciudad de México a Bogotá a través de Avianca, aerolinea colombiana cuyo servicio fue bueno todo el tiempo, al menos en la ida, y quizá debido a que el vuelo no estaba saturado y que, a diferencia del regreso, no me requisaron por completo para asegurarse que no llevaba a "María Juana" o "Blanca Nieves" entre mis pertencias.


El vuelo duró 4 horas 20 minutos hasta aterrizar en el aeropuerto El Dorado de la capital, que están ampliando porque es muy pequeño. La primera actividad esa noche fue ir a tomar café a Juan Valdez y a cenar a las hamburguesas de El Corral.


Juan Valdez y El Corral


Juan Valdez es un hit, los caficultores colombianos acertaron a crear una marca que ha logrado posicionarse a nivel internacional. Fui fan del Arequipe Latte (arequipe = cajeta) y de la malteada de café, aproveché los días posteriores para ir cada que se presentaba la oportunidad de comprar la correspondiente dosis. Existían también la colección de artículos promocionales de la marca que sin duda son un buen recuerdo, sudaderas, chaquetas, playeras y pequeñas burras "Conchitas" de peluche conforman el catálogo de Juan, sin embargo, es un poco caro, yo entiendo el valor de la marca, pero a la hora de pagar 600 pesos por una sudadera (estaba genial), tuve que pensarlo dos veces. Lo que sí no pudo faltar fue traer cantidades industriales de café y dulcesitos. Juan Valdez es una referencia obligada en Colombia y un ejemplo paradigmático de que es posible hacer bien las cosas en términos de posicionamiento de un producto nacional emblemático como lo es el Café. México debería ensayar en esta materia.





Las hamburguesas de el Corral, que tienen dos divisiones, Corral y Corral gourmet, son unas hamburguesas excelentes, que además están bastante extendidas a lo largo de Bogotá. Uno puede encontrar una variedad amplísima de opciones, de hecho, la existencia del Corral podría explicar por qué no hay muchos Mc Donald's en la ciudad, y ningún Burguer King, en realidad no están en condiciones de competir con la ya mencionada cadena, salvo quizá en el precio. El Corral gourmet por ejemplo pasó a mi lista de la hamburguesa más cara que he comido, era enorme, es cierto, pero $200 pesos mexicanos para una hamburguesa me parece fuera de toda cotidianidad. La opulenta hamburguesa es la Todo Terreno, que incluye tocino, doble carne, doble queso y es asada en salsa BBQ, adicionalmente la acompañé con una orden de piña y jalapeños, por aquello de la barrera cultural. Entre las opciones del Corral, están un sin fin de opciones, que incluye por ejemplo la hamburguesa japonesa, peruana, mediterranea, rio grande, mexicana, etc. Sobre la mexicana debo hacer la crítica acerca de no saber por qué los colombianos tienen la idea de que comemos crema agría, por esta razón todo lo que sea "mexicano" allá, incluye éste ingrediente, definitivamente los gringos han malinfluenciado a través de la comida tex-mex el concepto de mexicano, en lo que se refiere a gastronomía por lo menos. Muerte a Taco Bell.

Comida Bogotana

Regresando a las postrimerías del viaje, los días siguientes tuve oportunidad de ir con don Osvaldo Obregón a "Casa Vieja", restaurante elegante de comida típica bogotona. Ahí pedimos platillos típicos de la ciudad siendo el más emblemático el Ajiaco con pollo, que es una sopa hecha a base de 3 tipos de papas, 2 de las cuales no existe nen México, la papa criolla y la papa sabanera y aunque al final sabe a papa, sí tiene un sabor especial que hace de este caldo un platillo dificil de emular más allá de las fronteras sudamericanas. Su sabor y consistencia lo convierten en un platillo típico para zonas frías debido a la altura, ideal para entrar en calor. Otro de los platillos típicos es la sobrebarriga, que es falda de res cocinada en una especie de "salsa" mexicana, (cebolla y jitomate), un platillo muy familiar en México en cuanto al sabor. Adicionalmente probé un caldo llamado cuchuco cuya imagen es un poco desagradable, ya que parece sopa de frijol con vegetales multicolores y carne que hacen de su apariencia algo difiícil de apreciar antes de dar el primer bocado, sin embargo una vez superado el miedo a la apariencia encontré un muy buen sabor producto de los ingredientes El cuchuco resulta ser una sopa espesa, hecha de maíz, trigo y/o cebada molidos, mezclado con alverjas, zanahoria, papa picada y algunas hierbas (cilantro, guascas, laurel, paico, tomillo, etc.), que aunque luce un poco desagradable tiene muy buen sabor.

Los colombianos tienen una afición por los jugos similar a la que los mexicanos tenemos por las "aguas frescas", con la salvedad que ellos llaman jugo a lo que nosotros llamaríamos agua. Tienen entre su variedad algunas frutas que son totalmente desconocidas en nuestra latitud, siendo las más emblemáticas la feijoa, prima hermana de la guayaba; la granadilla, también llamada "mocos de minero" por esa similitud que guardan a la vista pero cuyo sabor es agridulce, finalmente encontramos el lulo, un fruto naranja-verdoso que da como resultado un jugo similar a la alfalfa pero con un sabor acidito que podría ser venerado en México, de este último fui fan y en cada lugar que pise pedí mi correspondiente dotación de jugo de lulo. Además de los anteriores uno encuentra los tradicionales como mora, naranja, mandarina, etc. nada fuera de lo común salvo porque a uno le preguntan si quiere su jugo con agua o con leche, haciendo de esta última combinación algo similar a un licuado, quien sea fanático de los licuados encontrará en Colombia un buen lugar para tomarlos de manera regular.

Algo que se come bastante allá es el plátano macho, conocido allá como maduro o patacón, lo curioso es que le echen sal, por lo general uno acá en México asocia el plátano en todas sus modalidades a un postre, salvo el que se le pone al arroz, pero definitivamente pocos pensarían en ponerle sal a menos que sea en botanita y deshidratado. Las arepas es otro antojito típico de la región, no solo de Colombia sino de los países vecinos. La mayoría de las arepas, que son una especie de "gorditas" carecen de sabor, por esta razón uno tiene que ponerle mantequilla y sal. Existe una amplia variedad de gorditas, algunas de ellas son muy similares a los tlacoyos en sabor y preparación, existen rellenas de queso y por qué no, arepas rellenas de chorizo para quien guste. Aunque es en esencia típico y no se debe salir del país sin comerlas, es un platillo que no se podría importar a México, ya que serían vistas como "gorditas" light y por ende dudo un éxito comercial.

En general la comida colombiana tiene un sabor característico que a uno lo obliga a ponerle sal a prácticamente todo, es una experiencia sabora interesante sobre todo en lo que refiere a los ingredientes de la región y su combinación con los sabores conocidos. A pesar de ello, como mexicano uno sabe que hacen falta salsas y sabores más complejos, sin mencionar claro la falta de picante, ya que por allá no comen absolutamente nada de este ingrendiente tan necesario para todo buen compatriota.

Como dato cultural y que no debo dejar pasar está el Refajo que según algunos lo catalogan como "cocktail", sin embargo me parece demasiado pretensioso para una bebida hecha a base de soda y cerveza, sin embargo, no puedo dejar de mencionarlo porque es indispensable probarlo como una bebida típica y refrescante de la zona. Está hecha como ya dije de cerveza con Colombiana, un refresco típico de aquellos lares buenísimo, que me dediqué a tomar en cantidades industriales cuando no había jugo de lulo. Es un refresco similar a un "jarrito" de tutti fruti (!?) no se ofendan, pero es que no hay ningún similar en nuestro país, quizá aquel que comercializó Coca Cola y que descontinúo hace años, hecho a base de Guaraná. En fin, sin tener mucho marco referencial, solo diré que es importante tomar Colombiana porque es la Nuestra y la que tomamos en casa.


Bogotá, La Ciudad


Bogotá está en términos generales a la misma altura que el Distrito Federal y tiene un clima totalmente conocido para cualquier chilango. La diferencia sustantiva con el D.F. es la ausencia de estaciones por su cercanía con el Ecuador, esto convierte a la ciudad en un excelente lugar para vivir, salvo por la cantidad de precipitaciones que existen, comprobé que la temperatura de la ciudad es la misma en todo el año, siendo las lluvias lo único que varía. La temperatura en mi estancia no bajó de los 15 grados aprox y la más alta quizá estuvo alrededor de los 25 una temperatura muy similiar a la del distrito federal en estaciones como otoño o primavera (al menos antes de que se hiciera tan patente el calentamiento globlal).


La ciudad cuenta con alrededor de 8 millones de habitantes, y al menos las zonas que conocí son homogeneamente más estéticas en general respecto a la ciudad de México. Las construcciones más comunes son los edificios a base de ladrillo, lo cual da como resultado una vista aérea con un predominante color rojo. El ladrillo rojo es usado de manera indiscriminada más allá del estrato social o colonia que lo utilice, a unado a que gran parte de la población de la ciudad vive en departamentos, la mayoría ,rojos por supuesto. El uso de chimenas es algo recurrente, algo poco usual o "exclusivo" en México, incluso los departamentos cuentan con chimeneas, lo que convierte las estancias familiares en un toque inusualmente acogedor que invita a un sin fin de actividades que uno desde México solo se las imagina en cabañas idílicas junto a un bosque o lagos.


Adicionalmente a esto, Bogotá evoca un poco en mi memoria a Monterrey, no por el clima ni la temperatura, vaya, ni por la ciudad en sí, pero sí por los cerros o montañas que la rodean. En la capital bogotana al igual que en la capital de Nuevo León estos cerros son tan cercanos a uno que son parte indisoluble del paisaje, con un tono y detalle producto de la corta distancia que uno por momento se siente casi con la capacidad de tocarlos. La gran variedad de árboles de Bogotá sugiere el apelativo de una "selva fría"que correctamente algún gachupín utilizó para describirla por su gran cantidad de humedad y tupida vegetación que se puede apreciar hacia los cerros que cercan la ciudad en su lado occidental.


La urbanización de la ciudad es sustantivamente mejor planeada que la capital mexicana, de hecho prácticamente mejor que cualquier ciudad del altiplano mexicano, ya que asemeja una cuadricula lo que permite que las calles tengan una nomenclatura nomérica dividada por calles que corren de norte a sur y carreras, que corren de este a oeste. Esto permite saber dónde se encuentra una dirección con precisión aunque nunca se haya estado ahí. En la ciudad de México se deberían implementar una nomenclatura similar pero por delegaciones y paralela, para no perder nombres tan floridos como "Barranca del muerto" o "Chalchicomula".


Además de esto uno puedo darse cuenta la planeación en la traza de avenidas, con sus respectivos carriles confinados, entradas y salidas con espacio suficiente para ingresar o salir de ellas sin arriesgar la vida y camellones con árboles y vegetación. La imagen de la ciudad luce estéticamente agradable ante la conjunción de sus elementos: traza urbana, arquitectura y los paisajes montañeses que ofrece. Bogotá es sin lugar a dudas una ciudad bonita con una imagen moderna. No cuenta como ninguna ciudad latinoamericana con construcciones monumentales ni memoriales centenarios, sin embargo, presenta una homogeneidad que muchos deseamos. Lo más parecido de Bogotá a la ciudad de México son sus incontables baches y personas haciendo de "vacas" cruzándose en avenidas por donde se les pega la gana. Para nada es extraño encontrarse con estrellas negras pintadas en el pavimento que representan las personas atropelladas en los últimos años. De hecho son tantas que si tuvieran luz propia estoy seguro que Bogotá podría prescindir de alumbrado público en las noches. La idea es crear conciencia entre la población de tener un poco de civilidad, al menos la mínima, o sea aquella que le permita a uno seguir vivo.


Estando allá, me di cuenta que la imagen que teníamos de la ciudad de México ante la gran cantidad de cafres al volante es en nada comparable a la bogotana. Allá son mucho más agresivos y menos propensos a ceder el paso a los peatones que aquí. En pocas palabras y en términos generales los conductores colombianos particulares podrían ser firmes candidatos a conducir microbuses y taxis en la ciudad de México.


Otro punto que no pude dejar pasar por alto fue el nivel paranoia en el que viven los colombianos, han hecho de la inseguridad un modus vivendi que a la distancia y aún proviniendo de un país como México, se hace sentir en el día a día. El sentimiento de inseguridad que se siente estando allá hace que uno como turista tenga que ocupar grandes energías protegiéndose y estando en alerta máxima ante la sensación (provocada) de un atraco inminente. Buena parte de las disfuncionalidades de la ciudad giran alrededor de la inseguridad. Incluso durante el tiempo que me encontré en esta ciudad tuve que reprimirme de manera sistemática sobre usar el celular o sacar la cartera en cualquier lugar. Las anécdotas de atracos son tema cotidiano, incluso hay "turismo de la inseguridad" como por ejemplo "aquí atracaron a fulanito y tuvo que recorrer 20 cuadras para encontrar un puesto de policía!, que un poco más adelante te mostraré" o "aquel puente de allá nadie lo usa porque atracan", "la gente no sube por aquel lugar, porque invariablemente, te atracan" "en este club pusieron una bomba" etc. La gente desconfía hasta de su sombra y uno no puede entrar a un centro comercial sin pasar por 2 policías y 2 perros que harán el escrutinio correspondiente en busca de bombas. Imagino que los indices de criminalidad en Bogotá deben ser más o menos los mismos que la Ciudad de México, sin embargo, la actitud ante el crimen es diferente, al menos en la vida cotidiana. El tema de la guerra contra la guerrilla es sin duda responsable de esta forma tan negativa de vivir.


Saliendo de la capital tuvimos oportunidad de ir Guasca (Con G, no con H) un pequeño poblado a 50 km aprox. de Bogotá a casa de Adri Gómez quien fue de lo más linda en toda mi estancia y quien organizó junto con Li una pequeña visita a su casa de "campo" en dicha población. Adri tiene una casa de campo impresionante que tiene una vista envidable al Valle. En esencia Guasca es un pequeño valle al más puro estilo de la Marquesa, pero sin turismo a "gran escala".

En este lugar el clima es similar a la de cualquier lugar ubicado a más de 2500 m. sobre el nivel del mar: fresco y ventoso.


Llegamos en la noche y la primera acción fue realizar una obra culinaria que quedó para mi recuerdo por la forma de preparación: Lomo al Trapo. No entraré en mucho detalle, pero la esencia es comprar un pedazo magro de res, lomo, envolverlo en un trapo o jerga húmedo (literal) recubierto de una capa de sal y echarlo a las brasas de la chimenea a que se ase. Tarda como 30 minutos. Después de este tiempo, se saca y se rompe la costra que queda entre el trapo y la sal y uno puede disfrutar de una carne horneada al "natural" con un sabor natural fantástico, el cual tampoco estamos acostumbrados en nuestro país, por la falta de condimentos en la carne. Una experiencia gustativa interesante.

Después de un día en Guasca, en el cual tuve la desgracia de tomarme prácticamente media botella de Tequila Herradura Reposado que llevaba para compartir con la gente, y después de sufrir una borrachera fantástica (perdón Juan Pablo!! jaja) , al día siguiente de regreso a Bogotá hicimos escala en La Calera para disfrutar de arepas rellenas de queso, huevos fritos y chocolate. El clásico desayuno que uno haría si va a Cuernavaca o Valle de Bravo y hace escala en Tres Marías o La Marquesa. Lo peculiar de esta parada, además claro de presencia de arepas a cambio de quesadillas, fue que mis queridos amigos colombianos echaron a su respectivo chocolate un pedazo de queso "campesino" en México conocido como tipo "panela" o de "rancho" lo que provocó mi estupefacción e inmediatas críticas. Jamás se me hubiera ocurrido echarle queso al chocolate caliente, no sé si en el interior de la república se estile, pero la combinación me pareció por demás extraña.

En la próxima entrada: Villa de Leyva, Zipaquirá, Chiquinquirá, el Museo del Oro y La Candelaria


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