viernes, 24 de abril de 2009

De lo cotidiano que no vemos II

De días tranquilos y cosas cotidianas la vida trancurre. ¿Qué sería de esta oficina sin tacos de canasta? La realidad no lo sé, desde que llegué hace ya casi 3 años los he disfrutado prácticamente de manera ininterrumpida.

Uno siempre agradece una buena dosis de tacos de chicharrón, papa y frijol. Incluso cuando fuimos clausurados logramos establecer un acuerdo con nuestro proveedor de vitamina T, para que después de recorrer su ruta normal, pasara con nosotros a nuestro edificio alterno ubicado 5 cuadras al norte del actual. A las 10:30 de aquellas épocas comenzábamos a escudriñar desde el 8o piso que estábamos en busca del tan ansiado pedido. Una vez divisidado el objetivo, nos arremolinábamos en el elevador esperando desesperadamente los 10 minutos que uno tardaba en bajar para poder degustar tan preciado manjar.


Nunca me he preguntado qué pensaría la gente de aquel moderno edificio, cuando veían bajar una horda de publirelacionistas y anexos quienes al parecer, tenían un pacto secreto con alguna fuerza suprema que nos proveía de aquel tesoro culinario exclusivamente a nosotros. Una oleada de envidia debió recorrer su ser.

De aquellas épocas del exilio recuerdo la confidencial con la que tratábamos los asuntos y cerrábamos la puerta para concentrarnos en la última misión de Hexic. Eran tiempos de tranquilidad laboral, donde imperaban las vacunas, y los rellenos sanitarios. Era un equipo incipiente que aprovechaba la falta de cuentas para salir todos los viernes a las 3 de la tarde, aún lo hace, aunque la carga laboral se ha incremantado sustancialmente en los últimos meses.


Los viernes han sido hasta la fecha un gran día para apreciar en toda su magnitud la cercanía de otro fin de semana. Más allá de los tacos de canasta, la vestimenta informal siempre promueve la libertad y versatilidad. El día de hoy hay poca gente en la oficina, entre los eventos de los clientes y la alerta del gobierno federal se respira un aire diferente (espero no sea el virus entrando por mis fosas nasales).

Hoy hubo entrenamiento de medios, no fui, me dediqué a otras labores. Fue un buen viernes, sin sobresaltos, salvo aquel que salvaguardaba alguna parte de la psiqué, aquella en la que no es novedad ya que el día de hoy, viernes 24 de abril, fue el último viernes de esta historia.

Sin embargo, ante la inminencia de la eclosión de sentimientos, nada como una buena comida y una platica amena para dejar atrás la inercia del pasado... aunque sea por unos momentos.

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