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viernes 24 de abril de 2009

Influenza

Atención

Este blog ha tratado diferentes temas, todos ellos buscando la unidad y la conciencia de la Humanidad y sobre todo de aquellos que vivimos en México.

En esta lógica y ante lo alarmante de la situación, no puedo evitar hacer los siguientes comentarios en relación a lo que se perfila a ser la peor epidemia en la historia del país.

Ante este escenario tan oscuro, no puedo evitar hacer una encarecida recomendación a todos los lectores y a todas aquellas personas interesadas.

  • No ir a lugares concurridos: cine, restaurantes, conciertos, partidos de fútbol profesional, antros.
  • No usar el transporte público masivo.
  • Lavarse las manos de manera regular al menos una vez cada dos horas e invariablemente al llegar a un lugar.
  • Alimentarse con comida rica en vitaminas A y C
  • Llamar a los teléfonos de la Secretaría de Salud para reportar casos
  • Acudir al doctor ante la presencia de síntomas: fiebre, dolor muscular, ojos lloros, tos con flemas.
  • Estar atentos a los comunicados de las autoridades sanitarias.

Todas estas recomendaciones no deben tomarse a la ligera en aras de proteger la salud de millones de capitalinos y mexicanos.

Existe información extraoficial que está fluyendo desde las esferas de las organizaciones de salud que están canculando una pandemia de dimensiones catastróficas. Las medidas en ascenso de las autoridades así parecen confirmarlo. Cierre de escuelas, cancelación de eventos y conciertos es tan solo la primera etapa para tratar de frenar lo que parece inevitable.

Si tiene a su disposición vacunas, aprovéche la oportunidad, ya que si bien no garantiza, sí reduce las posibilidades de contagio.

Sin ánimo de ser alarmista, espero de verdad que el problema sea controlado en los próximos días y que cada uno asuma un rol responsable y sensato en la medida de lo posible.

Saludos.

De lo cotidiano que no vemos II

De días tranquilos y cosas cotidianas la vida trancurre. ¿Qué sería de esta oficina sin tacos de canasta? La realidad no lo sé, desde que llegué hace ya casi 3 años los he disfrutado prácticamente de manera ininterrumpida.

Uno siempre agradece una buena dosis de tacos de chicharrón, papa y frijol. Incluso cuando fuimos clausurados logramos establecer un acuerdo con nuestro proveedor de vitamina T, para que después de recorrer su ruta normal, pasara con nosotros a nuestro edificio alterno ubicado 5 cuadras al norte del actual. A las 10:30 de aquellas épocas comenzábamos a escudriñar desde el 8o piso que estábamos en busca del tan ansiado pedido. Una vez divisidado el objetivo, nos arremolinábamos en el elevador esperando desesperadamente los 10 minutos que uno tardaba en bajar para poder degustar tan preciado manjar.


Nunca me he preguntado qué pensaría la gente de aquel moderno edificio, cuando veían bajar una horda de publirelacionistas y anexos quienes al parecer, tenían un pacto secreto con alguna fuerza suprema que nos proveía de aquel tesoro culinario exclusivamente a nosotros. Una oleada de envidia debió recorrer su ser.

De aquellas épocas del exilio recuerdo la confidencial con la que tratábamos los asuntos y cerrábamos la puerta para concentrarnos en la última misión de Hexic. Eran tiempos de tranquilidad laboral, donde imperaban las vacunas, y los rellenos sanitarios. Era un equipo incipiente que aprovechaba la falta de cuentas para salir todos los viernes a las 3 de la tarde, aún lo hace, aunque la carga laboral se ha incremantado sustancialmente en los últimos meses.


Los viernes han sido hasta la fecha un gran día para apreciar en toda su magnitud la cercanía de otro fin de semana. Más allá de los tacos de canasta, la vestimenta informal siempre promueve la libertad y versatilidad. El día de hoy hay poca gente en la oficina, entre los eventos de los clientes y la alerta del gobierno federal se respira un aire diferente (espero no sea el virus entrando por mis fosas nasales).

Hoy hubo entrenamiento de medios, no fui, me dediqué a otras labores. Fue un buen viernes, sin sobresaltos, salvo aquel que salvaguardaba alguna parte de la psiqué, aquella en la que no es novedad ya que el día de hoy, viernes 24 de abril, fue el último viernes de esta historia.

Sin embargo, ante la inminencia de la eclosión de sentimientos, nada como una buena comida y una platica amena para dejar atrás la inercia del pasado... aunque sea por unos momentos.

jueves 23 de abril de 2009

De lo cotidiano que no vemos


Se respira algo distinto en estos días, no hay duda. No se si es el inconciente o simplemente la sugestión de quien sabe que algo sucederá aunque no lo crea.



Hoy me puse a pensar en todo lo que uno hace en su vida cotidiana y que no se le pone atención. Son estas pequeñeces lo que causan nostalgia sobre vivencias del pasado. Hoy por ejemplo me puse a pensar desde que estacioné el carro en las ya sabidas 5 cuadras de distancia (por aquello del no-estacionamiento). El tiempo que me lleva caminarlas rodeado de árboles y una combinación extraña entre casas, casas-oficina y edificios que caracteriza a esta zona de la colonia del valle. Las reminiscencias de las jacarandas en el suelo evocando sus últimos días ante la inminente llegada del verano. El cielo azul.



Llegar a la cuadra y ver los clásicos jacales que privatizan lo público en beneficio de los que estén dispuestos a pagar 10 pesos por ahorrarse las 5 cuadras que el día de hoy motivan este escrito. Bajar los escalones que dan acceso al "coorporativo" buscando no salpicarse por esa fuente que ha sido renovada no menos de 4 veces en los 3 años que he atravesado sistemáticamente el umbral de la oficina donde he estado. Saludar al vigilante, subir al primer piso, pasar la credencial por el lector magnético, abrir la puerta y saludar a la primer cara amigable. Batallar con el lector biométrico de huellas digitales que ya no las lee desde hace como un año porque la estática que generaba y las pequeñas microdescargas (toques) han terminado por estropear el sensor. Hoy solo pasamos la credencial. Reparto unos cuantos saludos a la gente más cercana y me dirijo al extremo sureste de la oficina, este pequeño búnker que nos ha alojado desde tiempos inmemoriales (ja!) y cuenta con muebles exprofesos para nosotros, después de más de 18 meses de pugnar por ellos. Es un espacio agradable por el que han desfilado grandes personalidades de las Relaciones Públicas y privadas, desde Pandas hasta Fayosaurios. Desde condes que cuentan, apays, carrillos, panchos pantera, ocean's eleven, y demás personajes dignos de un best seller particular.



Siempre ha sido bueno poder asomarse por la ventana para ver cómo se desenvuelve la vida allá fuera, cómo Lázaro administra la parcela y ver la gente pasar.



Es aquí donde han transcurrido grandes eventos de los últimos años, cotidianos todos ellos, pero fantásticos. El reencuentro con gente de la universidad con quien nunca crucé conversación más profunda que un saludo (por aquello de la discriminación). El café de las mañanas, latte de cajeta y chocolate deslactosado. Los molletes y los panes de Sanborns con centro de piña. Los dulces, chocolates, cacahuates, tostadas, pasteles, quesos y demás peculiaridades culinarias que han hecho de los días comunes algo digno de recordarse.



Las despedidas de gente querida, el crecimiento de la oficina, de 4o personas pasamos a ser prácticamente 80 en tan solo dos años. La bonanza, la clausura, la crisis, las fiestas de fin de año, el autobús de la muerte y el Himno Nacional.



En este lugar se gestan recuerdos todos los días, es lo que se me viene a la mente mientras disfruto de unos molletes de la Finca de la VeraCruz y le doy un sorbo a mi chocolate.

domingo 12 de abril de 2009

Esperanza hoy...

Nuevamente estoy aquí, en el mismo lugar donde deposito y renuevo la esperanza de saber de ti. Contemplo la escena, me manifiesta su deseo de mostrarme lo real, lo que es. Lo hace y no sucede nada. Se me vacía por los dedos, se escurre hasta el final. Por último, mientras busco algo que me permita seguir, me topo contigo otra vez.

Mañana estaré aquí, esperando saber de ti. De aquello que me dices, de aquello que callas. Solo quiero saber qué piensas, qué sientes. Solo quiero saber de ti. Mañana vendré con renovada sensación, a repetir aquí, que es el mismo lugar donde deposito y renuevo la esperanza, la esperanza de saber de ti...

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