jueves, 3 de noviembre de 2011

El futuro de las Corridas de Toros

Las corridas de toros en la Ciudad de México son toda una tradición entre un grupo muy particular de personas. El tema es polémico porque se inserta en una coyuntura de transformación de dimensiones globales en donde cada vez se reconocen más derechos otrora impensables. Bastaría con recordar que hace tan solo 100 años, las mujeres, étnias particulares y otras minorías no eran consideradas iguales y por ende contaban con menos o ningún derecho que las mayorías. En el transcurso de los años hemos visto como el reconocimiento universal al género humano en su conjunto no ha venido solo, también se han adherido sujetos no humanos, tales como la preservación de ecosistemas, el medio ambiente y particularmente los animales. Por mencionar tan solo un ejemplo, antes de la explotación masiva de petroleo, uno de los principales combustibles era la grasa de ballena por lo que se realizaban grandes expediciones para matar grandes cantidades de estos mamíferos marinos y obtener sus recursos sin que nadie se opusiera. En contraparte, hoy en día la matanza de focas en América del Norte causa indignación  por productos menos indispensables de lo que fuera la necesidad de combustible para sobrevivir al frío invierno europeo.

No es necesario hacer una investigación detallada para observar como la defensa de los animales hoy en día es algo tan normal y extensivo que incluso es ya cotidiano encontrar bastante gente, que fiel a estos principios, se priva de comer todo tipo de alimento animal que signifique el sacrificio de un ser vivo sensible. Esto hace no mucho tiempo no solo era era impensable sino habría sido considerado una locura. Este es el avance de la Civilización Empática (J. Rifkin) donde los seres humanos hemos extendido nuestros vínculos afectivos y empáticos no solo a la totalidad del género humano sino a las especies animales no humanas más cercanas, principalmente perros, gatos y otros animales domésticos o de contacto frecuente. Sobra igualmente decir que las naciones más avanzadas en este terreno son también aquellas que tienen mayores niveles de desarrollo y de calidad de vida.

Archivo:Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid) 02.jpgPara el caso de los países Iberoamericanos principalmente, donde las Corridas de Toros forman una parte cultural reconocible en prácticamente cualquiera de sus ciudades, la tauromaquia puede rastrearse varios siglos hasta las viejas prácticas peninsulares. A lo largo de este tiempo la lidia ha sufrido transformaciones al grado de convertirla en la fiesta que con orgullo sus seguidores defienden  gracias al grado de sofisticación innegable. La disciplina, técnica y ornamentos  la han llegado a catalogar incluso como un arte por la compleja yuxtaposición de elementos tales como el vestido, el despliegue físico, la música y principalmente la técnica que no cualquiera domina. La tauromaquía incluso ha propiciado la creación de bellas obras arquitectónicas para su ejercicio como es el caso de Las Ventas en Madrid o la Santamaría de Bogotá, sin mencionar su inspiración en otras artes como  la pintura, la música y la literatura.

Sin embargo y como es natural pensar, la naturaleza de las corridas hace que en el momento actual se gane una gran cantidad de opositores al considerarlo un acto ruin de tortura y muerte, que siguiendo la la lógica de la Civilización Empática cobra un sentido relevante para la preservación del derecho de los animales a no ser explotados o maltratados con fines de ocio. La lucha entre ambos bandos ha desatado un sinfin de debates en muchos sitios del mundo, y donde México no ha quedado exento. Recientemente hubo una propuesta en la capital mexicana para la prohibición (al menos dentro de sus límites) de las corridas, lugar donde se encuentra la Plaza México, la más grande del mundo en capacidad. En las discusiones cada grupo argumentó a favor de su causa para evitar o apoyar la prohibición legal de esta tradición, cada uno con argumentos válidos y otros no tanto.

A pesar de ello y de la clara diferenciación de bandos habemos personas (me incluyo) que ven en la confrontación algo innecesario pero sí preocupante en el mantenimiento del orden social. En primer lugar, porque aquellos detractores de las lidias han abanderado causas morales para imponer su visión del mundo sobre aquellos que no piensan igual. En segundo porque la prohibición legal no contempla un proceso de remediación sobre una economía real que exista en torno a las Corridas. La amenaza de abanderar este tipo de causas legales estriba en la imposición "democrática" de los designios de la mayoría sobre la minoría. En la democracia que aspiramos a construir los argumentos y el diálogo deben de ser los valores que la impulsen y la ausencia de éstos parecen prevalecer a la hora de defender cada una de las posturas. La falta de reconocimiento del otro genera confrontación, rencor y desunión, sentimientos que hoy en día poco aportan a nuestro lastimado país. Apoyar una causa que atenta contra los derechos de las minorías a través de las instituciones implica legitimar el uso de esas mismas instituciones contra ellos mismos en otros temas donde pudieran ser minoría, elemento que debiera siempre considerarse antes de promover y presionar a legisladores cuyo único fin es la ganancia política coyuntural.

Es una realidad que es cuestionable la vejación y tortura pública de un animal sin importar si se hace contra un toro, ataviado con traje de luces capote y espada, o si se hace contra un perro en un callejón de cualquier vecindario. La pregunta central de la práctica sería, poniendo al toro como protagonista, ¿es o no masacrado desventajosamente? Sin importar otros argumentos atenuantes como que es criado para eso, que la carne se aprovecha y otros tantos más. ¿Es o no hipócrita gustar de las corridas, pero estar en contra del abandono o maltrato de perros o la masacre de focas en Canadá? Me parece que es un tema de sensibilidad e incongruencia producto de la etapa de transformación que vivimos, en donde por un lado protejemos unas especies pero dejamos a su suerte a otras. Por otro lado, ¿qué les molesta tanto a los detractores que quieren imponer su voluntad sobre los que sí gustan? Se podrán prohibir las corridas y cerrar todas las plazas de toros del país, pero el elemento cultural y tradicional no podrán borrarlo por decreto como tampoco podrían eliminar el desempleo y la pobreza promulgando una ley que las prohíba. El diálogo es necesario y al final es la cotidianidad, el día a día y la educación lo que transforma los valores de una sociedad, mismos que no se crean en los parlamentos sino en las casas.

Mi opinión no está a favor de las corridas pero sí a favor de los derechos de las minorías por más que un toro sea la víctima. No apoyo las corridas pero tampoco las medidas falsamente democráticas. Creo en la educación y en el valor a la vida de todo ser vivo, así como la extensión de los vínculos humanos a toda especie animal no humana. Lo que creo es que cada vez es menos la gente que asiste a las corridas, las nuevas generaciones van disminuyendo su gusto por la sangre y encuentran de manera natural la crueldad inherente al acto de sacrificar por diversión a un ser vivo por más pletórica que se encuentre una plaza, por más luces y  por más arte que el torero posea. El día que las plazas de toros estén vacías y cierren sus puertas es una realidad inaplazable que tendrá lugar en algún momento del presente siglo. No es necesario prohibir nada ni confrontarse, la única labor de aquellos que no comparten el gusto por esta fiesta es legar el respeto y la reprobación de la violencia en todas sus formas y contra cualquier especie. Es cuestión de tiempo para que la explotación de toros sea tan reprobable como algún día fue la esclavitud o la sumisión total de la mujer. Hoy en día, al menos en occidente estas conductas  no solo están prohibidas sino interiorizadas en prácticamente la totalidad de sus habitantes, de tal forma que solo pensar  en defenderlas causaría un rechazo y una condena social casi instintiva.

Veo un día no muy lejano en donde las Corridas de Toros solo puedan ser vistas en video, o en representaciones casi teatrales con ausencia de sangre, de muertes (ni de toreros ni toros), solo como un recordatorio de las distintas fases que la humanidad ha transitado para constituirse como lo que será y lo que ya comienza vislumbrarse como una comunidad de dimensiones planetarias conscientes y empáticas sobre quienes nos rodean y con lazos extendidos incluso a las demás especies con que compartimos el ecosistema. Hoy por hoy considero, que los días  de esplendor de esta manifestación cultural se encuentran totalmente en el pasado y  solo será cuestión de tiempo para que ocupe únicamente los anaqueles de la historia.

3 comentarios:

Federico Ling dijo...

Me gusta tu argumento amigo: "Mi opinión no está a favor de las corridas pero sí a favor de los derechos de las minorías por más que un toro sea la víctima. No apoyo las corridas pero tampoco las medidas falsamente democráticas...."
Creo que el debate debería centrarse allí y por ahí va la solución!

Abraham Zamora dijo...

Aquí me parece que es una visión muy antropocéntrica y de nueva cuenta se deja de lado al animal. No importa si se está a favor o en contra de algo, siempre y cuando no se afecte a un tercero. Como bien dices, en este caso el toro no es más que una víctima de una discusión entre seres que tienen poder sobre él.

El problema con los toros es que se les han asignado valores puramente humanos y además abstractos, como la valentía o el honor, relegando al animal a ser un elemento más en el cual proyectar ideologías o pensamientos.

He ahí el principal factor de encono, los taurinos ven al toro desde el punto de vista "del hombre" los antitaurinos, desde el punto de vista "humano" de un ser vivo más.

Por su puesto que habrá incongruencias, pero en ambos lados, hay quien defiende los derechos de los perros y va a una corrida de toros. Por el otro, hay quien no le gustan los toros, pero defiende la pelea de gallos. Eso siempre habrá, y pueden ser utilizados como argumentos distractores y no de fondo, de los cuales no nos debemos sustraer.

El problema real es la concepción del Toro como una pertenencia "del hombre", hecho consumado al asignarle valores únicamente pertenecientes a la razón humana.

No hablemos de derechos de minorías cuando esos derechos afectan a terceros y de manera negativa.

Es una tradición, sí, es una industria sí, es un promotor de cultura sí... también lo es la trata de blancas, también lo es la venta de esclavos, donde siempre uno tiene poder sobre el otro.

Tlacaeleltzin dijo...

Gracias por tu comentario amigo. En efecto, este tipo de cosas sacan a relucir problemáticas sociales y políticas por demás interesantes. Un abrazo.