miércoles, 2 de noviembre de 2011

Fare Comunità

Cualquiera que viva en el Distrito Federal y en general en cualquier metrópoli puede observar, sin hacer demasiado empeño, los grandes problemas que la convivencia entre distintos genera. Conservar el orden y fomentarlo ha sido por mucho la estrategia humana como vía para la supervivencia y el progreso de la especie, de tal forma, que hoy en día, aquellas ciudades y/o sociedades con mayor grado de orden son las que lideran las estadísticas mundiales de calidad de vida y desarrollo.

Sin embargo, más allá de esta situación que ha sido motivo de prolongadas reflexiones quisiera compartir aquí dos casos muy concretos sobre la preservación del orden y todo lo que esto implica. El primero de ellos y que he observado a lo largo de ya varios meses es el referido al orden urbano. Como caso concreto pongo el caso del lugar donde habito. Se trata de pequeñas unidades habitacionales divididas entre sí por dos calles, cada unidad habitacional es independiente de las demás y cada una se encuentra aislada de la otra o por la calle o por bardas. La zona no es particularmente bonita ya que está rodeada al sur por una colonia popular con los ya imaginables problemas: hacinamiento, falta de servicios, sobrepoblación, escasa planeación urbana, etc. Si nos adentráramos a observar la constitución familiar de las personas que ahí habitan seguramente encontraríamos bajo nivel de ingreso, baja escolaridad y otros indicadores de perfil socioeconómico que podrían resultar ilustrativos a la hora de tratar de explicar las características peculiares de la comunidad. Como usualmente ocurre en estas zonas, es común observar una mayor cantidad de anomalías urbanas tales como apropiación de la banqueta para realizar actividades particulares,  gran cantidad de topes ante la ausencia de respeto por las luces del semáforo, basura en vía pública, y sobre todo y perpetuamente visible, el vastamente analizado y estudiado fenómeno del grafitti.

Sin ánimos de analizarlo y condenarlo me limitaré a decir que practicarlo en bardas ajenas o sin autorización constituye, si no un delito, una falta de respeto importante para quien ve sus bardas, rejas o cualquier propiedad dañada por dibujos clandestinos, tal como sucede en el caso de las bardas que rodean a dos de mis condominios vecinos.

Con el paso de los meses he observado un fenómeno interesante aprovechando que puedo observar ambas bardas prácticamente diario cuando salgo de casa. Ambas bardas en principio habían sido asediadas sin piedad por grafitteros que en un par de semanas se encargaron de tapizar ambas bardas con una inconmensurable cantidad de pintarrajeados, dañando no solo el patrimonio inmediato de los vecinos, sino perjudicando notablemente la imagen urbana del vecindario en donde llegaron a dejar vehículos abandonados. El principio los vecinos esperaban a que sus paredes estuvieran sin espacio alguno para repintar toda la barda apelando en principio a una racionalidad (aparentemente lógica) de gastar una vez cada determinado tiempo en repintar su barda; sin embargo, como no es muy difícil de imaginar, tener una barda limpia y libre de graffiti era una invitación a grito abierto para que los amantes del "arte" urbano hicieran uso indebido nuevamente del espacio. Esta historia se repitió un par de veces antes de que uno de los condominios al hartarse (supongo) de gastar y ver su vecindario degradado optó por pintar una última vez de manera completa su barda y cambiar de estrategia, a partir de ese momento cuando aparecía el primer rayón, éste era borrado prácticamente de inmediato; al principio se convirtió en un juego de estira y afloja donde la noche subsecuente al borrón aparecía un pinta más grande, misma que volvía a ser borrada al día siguiente.

Con el tiempo, los "artistas" comenzaron a espaciar más sus pintas, pero los vecinos siguieron en su plan de tolerancia cero y éste no duraba más de 24 horas antes de que fuera nuevamente borrado, de tal forma que hoy en día aparecen pintas esporádicas (una cada dos meses) pero no pasa casi nada de tiempo antes de que sea borrado lo que estoy seguro ha traído un desembolso menor que estar pintando por completo toda la barda que por cierto, no es pequeña, cada seis meses. El resultado final es contrastante, mientras que éstos vecinos mantienen impecable su barda, así como las jardineras de la banqueta, los del condominio de enfrente viven una situación distinta: sus bardas están sin espacio libre ya, y sus banquetas tienen basura a diferencia de los otros.


¿Qué podemos reflexionar al respecto de este primer caso?

Primero, que la solidaridad y organización entre vecinos por un problema que les aquejaba pudo ser resuelta con voluntad, respeto y efectividad. Quizá otras formas menos efectivas habría sido poner cámaras, o solicitar a seguridad pública más rondines para inhibir el vandalismo. Estas medias problablemente no hubieran generado el éxito obtenido y habría sido más costosas en cuanto a desgaste y tiempo invertido.

Por otro lado, haciendo alusión directa a la teoría de las Ventanas Rotas, podemos constatar como la degradación de los espacios públicos, este caso la calle se degradan rápidamente al menor signo de deterioro. Este fenómeno puede observar también con tiradores improvisados de basura. Cualquiera que haya pasado por un terreno baldío o solar podrá observar que en muchas ocasiones éste ha terminado por convertirse en un tiradero clandestino de basura, igualmente en zonas urbanas que cuentan con barrancas o espacios abiertos. Basta con que alguien comience por tirar una bolsa ahí para que a los pocos días aquello se transforme radicalmente en un muladar.

Estas teoría puede ser extrapolada para explicar como los edificios o casas abandonadas a la menor ruptura de vidrios o puertas terminan por convertirse en espacios de decadencia como quien perfora un producto al alto vacío, no importa cuan pequeño sea el orificio provocado, el contenido comenzará a degradarse de manera acelerada.

Ahora bien, las "Ventanas Rotas" están ligadas al concepto de tolerancia cero. Éste puede ser ejercido por la autoridad al no permitir la proliferación de delitos como asalto, vandalismo, etc. y castigar sin contemplaciones a quien cometa una falta desinhibiendo así esa conducta, es decir, desincentivar estas conductas delictivas a través de la certeza de recibir un castigo, cero impunidad. Pero, está la segunda forma no vinculada directamente con las autoridades legales sino a través de los lazos solidarios de la comunidad. Como ejemplo, el mencionado de las bardas y el grafitti. No fue necesario recurrir a un agente coercitivo externo para que hiciera valer la ley sino a través de acciones conscientes se logró el objetivo de impedir que vándalos pintarrajearan su propiedad.

Acciones conscientes que fortalezcan lo común.

La noción de lo común a todos parece desdibujarse cada vez más en la sociedad capitalina. Creo que nunca hemos sido muy limpios cuando transitamos por las calles de la ciudad. En ella es común observar como los conductores, transeúntes y cualquier persona en general tira desde las colillas del cigarro hasta el empaque o botella de cualquier producto. Esto tiene implicaciones importantes, que van desde una imagen urbana decadente y sucia hasta el atisbo de la red de drenaje ocasionando inundaciones inesperadas como las ocurridas en Chalco en los últimos años. El respeto a lo común debería partir por la consciente actitud de preservar el mundo que nos es común a todos. Ese mundo en común que compartimos con el vecino, con el compañero de clase, de trabajo, pero que también compartimos con el taxista, el plomero, la señora del aseo.

Realizar pequeñas acciones como las descritas anteriormente ayudan en mucho a que ese mundo de lo cotidiano sea cada vez mejor. Contribuir en su degradación termina por afectar incluso a la misma persona que tiró en la calle su botella de refresco. Permitir que la decadencia consuma por completo los espacios fomenta el incremento de la delincuencia, el vandalismo, la insatisfacción, la sensación de inseguridad pero sobre todo la desvalorización de aquello que es nuestro por legado y por derecho. En este punto es donde se pueden explicar una gran actitud de comportamientos y disconformidades hacia lo mexicano. La amenaza de lo público atenta contra nuestro sentido de identidad y pertenencia, fragmentándonos y debilitándonos dejándonos a merced del egoísmo individual, principio elemental para la extinción de las sociedades humanas.


Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, otro caso particular.

Si hablamos de un espacio público de gran trascendencia por la carga simbólica que representa, esa es la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la H. Universidad Nacional Autónoma de México. En ella no solo se han gestado grandes líderes políticos y sociales del país, sino también profesionistas exitosos y con gran sentido de la responsabilidad social. Sin embargo, estas muy loables y necesarias causas han sido también colonizadas por grupos que consideran que la apropiación de estos espacios comunes en beneficio de los estudiantes es una necesidad. La Universidad Nacional es en sí mismo un espacio público en tanto que ésta pertenece a todos los mexicanos, uno puede transitar en ella, visitarla, enriquecerse de sus acervos, sus conferencias, sus obras de arte y en general de cualquier servicio que ésta ofrezca. Todo mexicano e incluso a cualquier extranjero, de ahí que haya sido reconocida recientemente como patrimonio cultural de la Humanidad. 

Sin embargo, estos grupos de los que hablo y que se encuentran no solo en Políticas sino en prácticamente todas las facultades hacen mal uso (la mayoría de las veces) de espacios concebidos para la comunidad universitaria en general sin distingos. En días recientes he podido observar como la facultad con motivo del 2 de octubre ha sido pintarrajeada salvajemente por consignas que si bien son legítimas, pierden ese sentido al momento que mancillan los espacios común causando un daño costoso a las instalaciones. ¿cómo se puede validar una posición haciendo uso indebido de recursos? ¿Cuán grande tiene que ser la hipocresía de aquellos pregonan la igualdad e imponen su visión del mundo a través de consigas pintadas en las paredes?



La universidad como espacio de construcción de ciudadanía basa sus principios en el diálogo como pilar fundamental. Si existe un lugar plural en México ese es sin duda la UNAM, lugar donde tiene la oportunidad de confluir las diferentes formas de pensar sobre los distintos temas. La riqueza del debate estriba en eso, de tal forma que si todos pensáramos de la misma forma ¿qué caso tendría la acción política? La máxima condición humana se reproduce en sociedad ya que individualmente nuestro mundo se limita a satisfacer nuestras condiciones físicas. Nuestro sentido humano solo puede validarse en espacios comunes con los otros, de reconocimiento y acción, es en estos lugares donde el ciudadano cobra su verdadero sentido y lo público se erige como sitio de preservación y enriquecimiento.


Permitir la degradación de la Facultad es permitir que se rompan sus "ventanas" en detrimento no solo de los que ahí hemos hecho nuestra historia de vida, sino también del patrimonio cultural e intelectual de todos los mexicanos. Es necesario mantener pulcra de fobias y filias nuestra facultad para garantizarla como terreno neutral de expresión donde todas las voces de la Nación tengan cabida. Esta, a diferencia de otras instituciones más homogéneas es lo que proporciona el valor intrínseco a nuestra casa educativa.

Y por ello y desde aquí es que hago invitación a todos aquellos interesados en preservar el espacio de diálogo que la universidad debe representar a crear un contingente que sin burocracias ni intereses particulares velen por la desaparición de toda consigna ajena a la libertad de pensamiento que las instalaciones y aulas invitan.

Dejemos que la crítica y la argumentación sean las armas contra la injusticia. Que la acción esté en nuestros lazos sociales más inmediatos y no sobre los inertes muros del símbolo. Por el dominio de la razón para el imperio de la conciencia.

Las acciones concretas que propongo son:

1. Reunir un grupo de almenos 5 alumnos voluntarios de la FCPyS
2. Escribir una carta de exposición de motivos sobre la importancia de mantener limpia las paredes de la facultad por los motivos antes enunciados.
3. Con recursos propios de los alumnos comprar los necesario para pintar toda pinta clandestina.
4. Establecer una comisión de vigilancia para que ninguna pinta que aparezca dure más de 24 horas.


Que la discusión continúe aquí y en Twitter bajo el hashtag #SinVentanasRotasFCPys

México D.F. a 2 de noviembre de 2011.

Rodrigo Alberto Pérez.






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