sábado, 30 de junio de 2012

¿Por qué votaré por Andrés Manuel?




Para nadie es un misterio que mi voto será para Andrés Manuel. En las últimas semanas he hecho un fuerte activismo a favor de la causa de las izquierdas sin más anhelo ni recompensa que ser parte activa de lo que muchos consideramos la Transformación del país.

Sin embargo, dada la crispación que generan los apoyos desbocados o pasionales, veo en las circunstancias la oportunidad de exponer a los ojos de ustedes las razones que me han llevado a tomar esta decisión.

Nunca está de más señalar que en mi condición ciudadana no tengo más vínculo ni compromiso con la política que la crítica y la libertad que mi experiencia como ciudadano me ha brindando. No milito, no he militado y dudo militar alguna vez en los partidos tradicionales, por lo tanto, la exposición de mis preferencias solo tendrá para mi la recompensa de lo que sería el inicio de una recomposición del camino hacia una vida pública más sana y provechosa para la mayoría de los que habitamos este país.

En mi opinión lo que se decide el 1º de julio no es un tema de qué partido o candidato apoyamos. Es un tema de sensibilidad. Estoy convencido que una sociedad no debe evaluarse por sus eslabones fuertes sino por los más débiles, así como el éxito económico no puede medirse en la gran cantidad de multimillonarios que México aporta a la suntuosa lista de Forbes, sino por los 12 millones de compatriotas sumidos y condenados por la pobreza alimentaria (más los 30 con otro tipo de pobreza) y los 15 millones que tuvieron que emigrar a otros países en busca de mejor suerte.

Por cuestiones que escaparon a mi control me tocó ser un clasemediero, sin nada garantizado más allá del esfuerzo y el legado de mis padres. Definitivamente no padezco ningún tipo de pobreza y es por esa situación y  escolaridad que me toca hoy abogar por aquellos que no tienen voz, ni forma de expresarse porque viven sumidos en el silencio público al que la marginación condena. Esta invisibilidad pública se da  por la falta de canales y por la negligencia de quienes enjuician con ligereza llamándolos resentidos o nacos; cuando en una gran mayoría de las veces, esa “condición” la deben a la mala fortuna de no haber nacido sin las posibilidades que muchos sí tuvieron. Reconocerlos es reconocerse así mismo, pero sobre todo, es reconocer esa importante parte de México que muchos niegan o reniegan aceptar. Hablar de un México mejor pasa forzosamente por reconocer la gran deuda que tenemos con los menos aventajados.

Hablando de mi experiencia personal, cuando hace unos años egresé de Universidad Iberoamericana como politólogo, había algo que me angustiaba profundamente y no me dejaba pensar con claridad acerca de las decisiones que debía tomar: la incertidumbre por el futuro. Mi primer trabajo formal fue en una reconocida agencia de comunicación y relaciones públicas. Inicié trabajando ahí con el entusiasmo propio de quien egresa y comienza hacerse de dinero propio para construir el futuro que cada uno tiene en mente. En aquel momento mi sueldo era de $3800 pesos netos al mes sin ningún tipo de prestación, pero eso sí, con todas las exigencias para una plaza de tiempo completo (Aunque esta situación duró solo 3 meses antes de pasar a nómina y comenzar a ganar $5000 más prestaciones de ley). Cuando decidí aceptar ese trabajo lo hice consciente de que por algo se tenía que comenzar. Lo asumí como el paso “normal” entre ser estudiante e iniciar la carrera profesional. Esta situación fue compartida por varios compañeros igualmente de la Ibero, y no exagero cuando digo que éramos afortunados pues muchos tardaron en encontrar trabajo o estaban en uno con condiciones muy parecidas a las mías.

Estoy seguro que muchos habrán pasado por situaciones similares y no lo ven como algo raro. Sin embargo, ese es el gran problema en el que nos hemos sumido: asumir como normal cosas que bajo ninguna circunstancia deberíamos aceptar. ¿Cómo es posible que después de haber estudiando al menos 15 años de tu vida, el horizonte de sueldo sean 5 mil pesos? Ya no digamos después de haber pagado durante 4 años y medio una universidad como la Iberoamericana.

Estoy seguro que más de uno de mis amigos y conocidos ha sentido la incertidumbre de no saber si encontrará trabajo rápido, cuánto le pagarán, qué podrá hacer. Así transcurren los años, y aunque sí se puede superar esta condición con trabajo arduo y construyendo relaciones sólidas, es un hecho que vivimos en la era de la incertidumbre, donde los trabajos son efímeros, los sueldos variables e incluso las relaciones humanas se han vuelto utilitarias. Aun así, estoy  seguro que la mayoría de nosotros somos afortunados porque nuestras familias están entre las que no tienen que preocuparse por trabajar para subsistir, ni viven al día, tienen ya construido un patrimonio y eso les da libertad para incursionar y ser más arriesgados en las oportunidades profesionales  que se presentan. Hay una gran cantidad de familias y personas que viven al día con muchísimo menos que la mayoría de mi círculo cercano.  Parto de este ejemplo particular para hacer consciencia de lo afortunados que somos, pero sobre todo para superar el Yo y proyectarnos más allá de los intereses propios y las circunstancias subjetivas que nos rodean.


No niego la enorme virtud que han tenido los gobiernos panistas de mantener la estabilidad macroeconómica de la que yo mismo me he beneficiado; sin embargo este país necesita más cosas además de la estabilidad: necesita crecer y desarrollarse. No podemos estar sexenio tras sexenio alabando los números macro cuando solo en pocos casos estos se ven reflejados en empleos bien pagados y acorde a lo que los egresados demandamos. La mayoría de los que leerán esto tienen al menos estudios universitarios y estoy seguro que muchos de ustedes habrán pasado por algo similar a lo que aquí relato. Incluso habrá quienes hayan tenido que emigrar de su lugar de origen por la falta de oportunidades y ahora estén aquí en la Cd. De México o en otra gran ciudad. Si nosotros somos afortunados ¿Qué hay de todos los millones que no tuvieron las condiciones para desarrollarse a plenitud por fallas u omisiones estructurales? Conocer y aceptar la injustica y la desigualdad nos obliga moralmente a tender la mano en un acto comunitario de solidaridad contra todos aquellos que han sido vejados.


Aunque la mayoría de nosotros podría y quizá haga caridad con los menos favorecidos, es imperativo señalar que la Democracia y la Justicia no se sustentan en la caridad sino en la garantía de los derechos. Yo no exijo educación por caridad, la exijo por derecho. Yo no exijo Justicia como caridad, la exijo por derecho. El derecho que por nacimiento en esta comunidad me otorga la Constitución. Aunque en lo individual podemos hacer mucho para construir una sociedad solidaria en condiciones de igualdad, hay algo que no depende de nosotros sino en la transformación del sistema, para que estos lazos se construyan y fortifiquen a partir del derecho efectivo y no la buena voluntad de los individuos o gobernantes.

Para ello es necesario hacer reformas estructurales al Estado mexicano que le permitan sentar las bases para crecer a los ritmos que lo hacen la mayoría de las economías emergentes o países similares a nosotros como Brasil. Si el PAN no logró hacerlas cuando tuvo su oportunidad a lo largo de estos 12 años, ya sea por falta de visión, incapacidad de negociación en las Cámaras, “bloqueos” de la oposición, o lo que sea, me temo que no lo harán en 18.

El PRI, a pesar de tener un candidato joven, su élite dirigente sigue siendo exactamente la misma que gobernó con las antiguas formas y de manera totalmente antidemocrática. Son los mismos que siguen gobernando los Estados como feudos sin estricta observancia a la ley ni transparencia.  Desde luego que no hablo de toda la militancia de las bases, misma que estoy seguro anhela también un México mejor, como todos. Sin embargo no serán ellos los que conduzcan este país a mejores horizontes sino esa clase dirigente que permanece impune y ajena al interés colectivo.

Estoy seguro que el PRI debe volver a gobernar este país, pero una vez que nuestra democracia e instituciones hayan sido blindadas enteramente contra la regresión. Veo por desgracia que México aún no es un país plenamente democrático, la operación parcial y sesgada de la mayoría de sus instituciones así parece demostrarlo. Aquí es donde el PAN debió actuar y asumir esa responsabilidad histórica. No lo hizo a mi parecer, de ahí que muchos perciban en el posible regreso del PRI como un riesgo latente de regresión al autoritarismo.

Votar por Andrés Manuel tampoco va a solucionar las cosas, ni México será un país desarrollado de aquí a 6 años. Este país no se transformará  ni 6 ni en 12 años, pero sí puede iniciar el camino para que de aquí a 15, 20, 30 años podamos sentirnos orgullosos de saber que vamos en buen camino cuando la pobreza deje de aumentar y comience a disminuir, cuando ir a la universidad no sea un privilegio de unos cuantos, cuando nadie tenga que perder su patrimonio construido en años por enfermedad o falta de acceso a instituciones de salud de calidad, cuando empecemos a recibir migrantes de todos lados y no seamos nosotros quienes busquen oportunidades afuera.

México necesita focalizar su atención en sus grandes rezagos no solo por el bien de los desprotegidos, sino en beneficio de todos. En la medida que el Estado recaude más dinero y se combata la corrupción habrá más recursos que destinar a construir escuelas y universidades. Si hay más presupuesto para invertir en Universidades de calidad, el dinero que uno gastaría en ir a instituciones privadas como la Ibero o el Tec no tendría sentido y podría ser gastado en viajes, bienes, entretenimiento o lo que uno desee. Cada vez menos gente tendría que contar con un seguro de gastos médicos mayores o en atención médica privada porque cada vez habría más empleos de calidad con prestaciones y menos subcontrataciones. Hoy en día cuántos de ustedes trabajan con honorarios sin grandes prestaciones. ¿Por qué las empresas ven más redituable hacer contratos cada 3 o 6 meses? Porque parten de la idea equivocada que los derechos sociales laceran las ganancias. Comprometen el bienestar de la gente a cambio de empleos precarios. Vivimos en una sociedad que parece privilegiar las prácticas que dañan el tejido social al no brindarle seguridad ni certeza, como si estas empresas fueran ajenas a la realidad social donde se asientan. Las ganancias y productividad del capital no tiene por qué estar peleado con la satisfacción y el bienestar de los empleados.  Cuando exista una legislación que no permita estas situaciones, o empresas que se beneficien a raudales de la necesidad de la gente, estaremos transitando por el camino del desarrollo.

El voto por la izquierda pretende eso, romper con la malsana cotidianidad que hemos empezando a asimilar como normal. Pretende garantizar lo que nos es propio por derecho y no como caridad.  Pretende fortalecer el sentido de comunidad a partir de la participación e involucramiento de todos en la construcción de bienes comunes, donde todos aportan pero todos se benefician por igual. Pretende fomentar una sociedad menos desigual donde no solo los profesionistas paguen su 30% de impuestos, sino que también las grandes empresas que pagan menos del 5% contribuyan en la misma proporción a la construcción de la riqueza y beneficio común.

No es gratuito ni demagógico que Andrés Manuel diga que la Paz es el producto del Bienestar. Basta con extrapolar esta máxima a la situación individual para constatarlo. Si tenemos la oportunidad de desarrollarnos en el área que más nos apasiona, seguramente estaremos en paz con nosotros mismos y seguramente con todos los que nos rodean.

Votar por la izquierda es abrir un camino diferente contra una descomposición del país que ha sumido a 40 millones en la pobreza y expulsado a más de 15 millones de compatriotas fuera de nuestro territorio en busca de las oportunidades que aquí no tuvieron y  cuyo trabajo enriquece otras economías y sociedades.

En México es un riesgo ser joven, donde la falta de oportunidades más allá de un trabajo en McDonald’s ha orillado a muchos a la migración o al crimen. La estrategia de seguridad del saliente sexenio nos ha dado la cifra de 70 mil muertos, donde la mayoría, desde luego son jóvenes, mismos que no encontraron el “ilógico” sentido como yo en estudiar 15 años para ganar 5 mil pesos.  ¿Somos tan ciegos para no  percatarnos que todos somos parte del problema al aceptar la precariedad como cotidianidad?

Consideremos que cuando uno vota no debe hacerlo por sus intereses egoístas más inmediatos solamente, sino por todo el país, y toda su gente con todos sus problemas.

López Obrador no es el mesías. La única esperanza que muchos tenemos es que si gana, se inicie un proceso de transformación que de aquí a 30 años haga de México un país pujante, pero sobre todo un país que distribuya mejor su riqueza y donde sus habitantes encuentren aquí la posibilidad de desarrollarse si quieren ser astrofísicos  o dignos zapateros, y que no tengan que buscar las oportunidades que aquí no encontraron en otros países. López es el único que la ha puesto nombre y apellido a cada uno de estos problemas y que ha hablado de la importancia de cambiar el actual modelo económico ante la negatividad de sus resultados para la gran mayoría de los mexicanos. Nadie más lo ha hecho.

López es eso, tan solo la esperanza de sí cambiar y llegar a ser lo que merecemos, contra la certeza de seguir igual y que las cosas solo cambien para que todo permanezca igual.

Ni modo, Andrés Manuel ha pecado a veces de terco, obstinado, incluso soberbio; pero tiene algo que no tienen los demás candidatos y esto es fundamental: sensibilidad, y como siempre he dicho, este país necesita alguien que sea sensible, que entienda las grandes carencias, que escuche a la gente. Esa cualidad no te la da ningún título universitario; para lo técnico puedes contratar miles de asesores, pero el que conduzca el Estado, sobre todo el Mexicano,  debe ser ante todo, sensible. Y pues sí, López es imperfecto, pero igual, como siempre le digo a la gente... "con este buey nos tocó arar" ¿Qué le hacemos? La mayor gracia que nos puede legar Andrés Manuel es la dicha de que no vuelva a aparecer un líder como él, sustentado primordialmente por ese México marginado, ese México lacerado y víctima de la injusticia sistémica. Ese México que está ahí y que de no hacer algo, ahí seguirá, siendo foco de problemas, de inseguridad, de insatisfacción, de rencor, y de odio. Ese México que muchos niegan, pero que mientras exista, ningún mexicano debería estar tranquilo hasta no verlo atendido bajo los máximos principios democráticos.

Ante esta indignación y la esperanza de un país mejor para mi y las generaciones venideras, pero sobre todo, para el bienestar duradero de todos ustedes, mi voto será otra vez por Andrés Manuel López Obrador.

Rodrigo A. Pérez Hurtado
Lic. Ciencias Políticas y Administración Pública, Universidad Iberoamericana.
Mtro. Análisis Políticos y Medios de Información, Tecnológico de Monterrey, CCM.
Maestrante. Estudios Políticos y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México.

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