La ciudad de México, hogar de muchos de nosotros es un lugar de contrastes. A pesar de ser la capital cultural del país, también es la capital de la inseguridad y la delincuencia. Sin embargo, a pesar de los 20 millones de mexicanos que habitamos en la ciudad y la zona conurbada, es mi impresión que esta ciudad funciona. Lo hace dentro de los límites mínimos producto de su poca planeación y casi nulo desarrollo urbano.En otras ocasiones ya he hablado un poco del tráfico, y aunque es uno de los problemas más visibles que aquejan a los capitalinos, también podemos hablar de otro, no menos importante, y esto que es, la escasez de espacios públicos. Últimamente, he puesto atención a las calles, a las colonias, y en general a la ciudad y me he percatado que no existen los suficientes espacios públicos para la recreación y entretenimiento de los capitalinos. Más allá de Chapultepec, que es el espacio público más grande, en general, las colonias cuentan con pocos de estos espacios indispensables para la convivencia y sobre todo para la distensión de estrés, la imagen y lugares agradables que inviten a la reflexión.
El otro día pasaba por el Eje 10 sur a la altura de Copilco, y justo enfrente de un Burguer King hay una secundaria de gobierno, no recuerdo qué número es, pero me llamó mucho la atención su terrible imagen, es una estructura vieja, vidrios rotos, rejas en las ventanas y todo el exterior pintarrajeado por los grafiteros. No conozco el interiores, pero no debe ser muy distinto. Si consideramos que la educación es la transformación del ser como comento en la entrada anterior de Stuart Mill, luego entonces, las áreas de educación o el entorno donde se forjen ciudadanos, deben de contar con requerimientos mínimos de sanidad, imagen y espacio cultural, que fomenten la meditación y tengan potencial de inspiración. El entorno es fundamental en el desarrollo del ser humano. Finalmente, los hombres son en base a sus características naturales, y al entorno al que se desenvuelven. En esa secundaria en particular, al menos la parte del entorno, no fomenta el desarrollo. La educación empieza mal.
En esta lógica, el entorno es pieza fundamental. El principal es el familiar, pero el social y público es el segundo. Y este es un tema en el que parece que pocos políticos han escatimado a la hora de diseñar sus políticas. En parte porque los gobiernos estrictamente locales, es decir, los más cercanos a la gente, que deberían ser las delegaciones, no tienen suficiente margen de maniobra ni presupuestal ni política, lo que limita cualquier plan de gobierno dejándolo a la cabeza del Jefe de Gobierno. Pero más allá de esto y sin entrar en detalle de las limitaciones políticas de la ciudad, quisiera hacer hincapié en la importancia del espacio público. Existen varios proyectos en esta línea, tal es el caso de la ex refinería de Azcapotzalco o el entubamiento del gran canal en el oriente de la ciudad. Hace unos días salió una nota publicada en el reforma sobre el escaso mantenimiento que en general reciben los parques públicos de las diferentes delegaciones. Esto es un claro ejemplo de la poca importancia que se le da a este espacio. Y es cosa curiosa, porque es algo sumamente visible que impacta directamente en los habitantes de la ciudad.
Uno de los objetivos fundamentales del gobierno es fomentar la inversión, la creación de empleos y otras condiciones que deriven en una mejora sustantiva de la capacidad económica de la gente, entendida ésta como la principal vía para mejorar su calidad de vida. Sin embargo, existe políticas que si bien no impactan en el bolsillo de la gente, sí impactan en su desarrollo, convivencia y el día a día, que no es otra cosa que calidad de vida también.
Moviéndose un poco en el tipo de acción. Dado que la complejidad de controlar variables económicas y otras acciones más difíciles de llevar a cabo dan como resultado mucho tiempo de inversión y poca garantía de éxito. La creación de políticas encaminadas al desarrollo de espacio público harían de la ciudad un mejor lugar para vivir, para tener familia y para explotar todo el potencial cultural que esta ciudad tiene.
Con mejoras al espacio público me refiero, desde la creación de ciclopistas y estacionamientos para motocicletas que ya comenté en una entrada anterior, al igual que la desincentivación de la creación de grandes condominios y obras arquitectónicas privadas por sobre parques, centros recreativos, casas de cultura, jardines, museos locales, etc.
La creación de corredores estilo Reforma o algunos lugares de Polanco deberían ser prioridades para los gobierno. La Condesa, Coyoacán y Tlalpan, por poner tan solo algunos ejemplos, son claros ejemplos de espacio público. Aunque curiosamente, la Condesa no está concebida como tal y ha sido adaptada a espacio público más por los locatarios de la zona, que por un programa de ordenamiento en el que el gobierno haya tenido que ver.
El mantenimiento de avenidas, como Álvaro Obregón, Tamaulipas, y cualquier que se les ocurra en esta línea, debe estar enfocado en esta línea. Pero sobre todo integrar espacios públicos en delegaciones o colonias menos favorecidas. Tlahuac, Iztapalapa, Iztacalco. El gobierno puede empezar a fomentar grandes inversiones en zonas de este tipo. No está de más decir que es importante una renovación a la estructura vial y castigar severamente a aquellos automovilistas o personas que no respeten las banquetas o las áreas exclusivas para peatones.
Es de esta forma en que la Ciudad de México puede recuperar parte del esplendor perdido por los problemas de la sobrepoblación. Los gobiernos deberían trabajar en esta línea, los ciudadanos lo agradecerán sin duda.











