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martes 11 de marzo de 2008

Mouriño, entre la legalidad y el abuso

Hace un par de días, Andrés Manuel López Obrador sacó a la luz pública un par de contratos más que firmó el el ahora secretario de gobernación en su etapa de diputado federal. Los contratos en términos generales suponen un tráfico de influencias y un uso indebido en las funciones, ya que otorga contratos a empresas de su familia por la vía de adjudicación directa, es decir, sin necesidad de que haya un concurso para elegir entre la mejor opción.

Juan Camilo ya alegó que sí, en efecto existieron dichos contratos pero que éstos fueron hechos dentro del marco de la ley. Sin embargo, creo que la cuestión de fondo no se centra en la legalidad o ilegalidad de dichos documentos, ya que la ley puede dar margen a cometer cuestiones indebidas, pero legales.

¿A qué me refiero con esto? Sencillo, más allá de la discusión de si los contratos son legales o no (que muy seguramente lo son legales), el problema reside en que como funcionario público (principalmente) es su deber actuar tanto el marco de la ley, como en el marco de la ética. No es suficiente actuar en el marco de la ley cuando se involucran recursos que no son propios, ya no digamos cuando se está en calidad de funcionario público, para el otorgamiento de recursos públicos. Disponer de recursos públicos es una responsabilidad muy grande que debe ser tomada con juicio y prudencia.

En esta línea, tenemos que el Secretario de Gobernación pudo haber otorgado estos documentos dentro del marco de la ley, sin embargo, no es suficiente ya que actúo de manera cuestionable e ilegítima. Quizá no hay una sensación que tipifique este “falta” sin embargo, la opinión pública debe saber y conocer que en una sociedad democrática, este tipo de acciones traen consecuencias, ya sea que dimita del cargo, o que sea el mismo Presidente Calderón quien lo remueva del cargo.

A pesar de esto, faltará aún, escuchar la explicación que el Secretario tenga que decir y que lo hará en los próximos días. Habrá que estar atentos para saber en qué plano estamos hablando y tener un juicio más objetivo. El problema no es la legalidad, sino la falta total de ética. Una discusión que en este país no está por demás y que abona al desarrollo de la política y por ende, de los demás procesos sociales en su conjunto.

miércoles 5 de marzo de 2008

Juan Camilo Mouriño, el Secretario de la discordia

El día de hoy (que en realidad ya es ayer), los diputados del Frente Amplio Progresista, sacaron una "solicitud" para crear una comisión especial que investigue las supuestas irregularidades en las que el actual Secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, incurrió. Entre ellas están tráfico de influencias, peculado, entre otras. Todas estas de moda. Días después de su nombramiento los perredistas arremetieron contra el Secretario argumentando y dando un sin fin de documentos que probaban la nacionalidad española del personaje, sobre la mexicana.



Todas estas cuestiones, son de mi atención porque ¡caray! Acaso, ¿no podemos dejar de echarnos tierra entre nosotros? Si estuviéramos en el primer mundo, con todas las necesidades resueltas (así como en Suiza) y entráramos en un período de aburrición total. Quizá, este tipo de movilizaciones (de más de 150 diputados) tendrían "sentido" y razón de ser. Me quedan claras varias cosas, entre ellas, que parece que en este país es más importante tirar del puesto al "niño exitoso antipático", que atender problemas verdaderamente de peso que están atorados en la cámara. Reformas que combatan las altas tasas de interés que pagamos los mexicanos y que son de las más altas del mundo por ejemplo. Un sin fin de reformas y temas que los legisladores deberían estar haciendo en vez de andar buscando a toda crear una comisión especial encargada de investigar. Ah, porque además, por si fuera poco, las comisiones especiales, de esas que crean los diputados tienen fama de nunca resolver nada, de que les den presupuesto, pero nunca concluyen nada que valga la pena. Ahí está la comisión de los Bribiesca o de los Amigos de Fox. Seguimos esperando los grandes resultados de sus gestiones.

En fin, es una lástima que el nuevo Secretario de Gobernación de más de que hablar por cuestioens ajenas al desempeño de su cargo que por sus logros o su esfuerzo por lograr la unidad que este país necesita. Están en puerta la discusión de grandes reformas al país, entre las que destacan la referente al petróleo, la laboral, la del Estado. Muchas que marcarán el rumbo para bien o para mal del país y cuyo nivel de discusión debería estar enfocado a buscar ante todo, la mejora sustantiva de los que tenemos la fortuna de ser mexicanos.

No dudo que Juan Camilo, a pesar de su juventud (tiene tan solo 37 años), es una persona capaz y que goza de la confianza del Presidente. Espero que de los resultados que todos esperamos, y si cometió irregularidades en su otrora etapa como diputado, que las salde como lo estipula la ley. Estamos en la parte del sexenio donde son importantes las reformas y una de las funciones del Secretario de Gobernación y velar por la unión de los intereses de las distintas fuerzas políticas en pro de los acuerdos y del diálogo. En verdad espero, por el bien de todos, que las altas expectativas con las que llegó Juan Camilo, no se pierdan en escándalos de corrupcíon y desvío de fondos. Es necesario que este país cambie, en ello descansa el futuro.

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